El blog de Luisa Tomás

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martes, 1 de diciembre de 2009

El fin de todas las cosas


Clara no se esperaba que Guillermo fuera a dejarla. Se habían conocido tres años atrás una noche en un bar. Después de dos encuentros más se habían enamorado y se casaron un año después. Todo parecía irles bien. Incluso habían hablado de hijos. Estaban llenos de ilusión y proyectos. Se querían, se divertían. Eran felices. Pero un buen día, cuando Clara llegó de trabajar, se encontró una nota de despedida encima de la mesa y el armario de su marido vacío. Guillermo se había ido. La había abandonado. Y a ella el mundo se le cayó encima.
"Clara: esto tiene que acabarse. Me marcho. No me busques ni me llames. No intentes encontrarme. Quédate la casa. Yo me llevo el coche. No necesito nada más. No quiero volver a verte. Perdona la cobardía. Espero que algún día puedas perdonarme. Guillermo". Así ponía el que había sido su marido fin a su relación. Clara quería morirse. No sabía qué hacer con tanta soledad, con tanto dolor. Y, lo peor de todo, no sabía por qué se habían despedido con un beso por la mañana y por la tarde él se había ido de casa. Estaba abatida, rota.
Los días iban pasando y, aunque la tristeza y la melancolía presidían cada uno de sus actos, desde ponerse un café hasta doblar unos calcetines, fue reponiéndose. Era una mujer fuerte y se sentía en la obligación de levantar el ánimo.
Decidió recuperar algunas amistades y empezar a hacer vida social: cine, una cena, café con una amiga... Y sus nostalgias fueron convirtiéndose en reproches. Su amor, en odio. Sí, odiaba a Guillermo por haberla dejado. Por haberle mentido. "Uno no deja a la persona que ama", se dijo mientras rompía las fotos de su luna de miel.
Se acabó el invierno y llegó la primavera. Y con ella, los paseos, las terracitas... La vida bajo el sol. Clara renovó su armario, se cortó el pelo y se prometió a sí misma que se había acabado la tristeza. Pero el destino, caprichoso, quiso para ella algo distinto.
Aquel sábado amaneció soleado. Optimista, Clara decidió irse de compras. Cuando bajó al parking del centro comercial, cargada de bolsas, vio perpleja cómo frente a su nuevo coche una mujer, que a ella le pareció bastante joven y atractiva, aparcaba su antiguo vehículo, el que se había llevado Guillermo. Clara no pudo contener la ira: "Ahora lo entiendo todo. Me dejó por ti, no tenéis vergüenza. Lo sabía, dile que lo odio, lo odio con todas mis fuerzas", gritó fuera de sí a la mujer.
“Señora, qué dice. Está loca. De qué demonios está hablando”, dijo la joven sin salir de su asombro. “No disimules, ése es el coche de mi marido. Lo reconozco, yo lo compré con él. Él se marchó de casa hace meses para irse contigo”, lloraba y gritaba Clara sin consuelo.
“Señora, lo siento, creo que está equivocada. Yo no estoy con ningún hombre. Soy estudiante de enfermería y me saco algún dinero cuidando a personas que están solas en los hospitales, acompañándolas por las noches. El señor Guillermo respondió a mi anuncio en el hospital y cuidé de él durante los últimos días de su vida, por eso me regaló su coche. Era un buen hombre. Cuando le diagnosticaron su enfermedad y le dijeron que era terminal, no quiso que ninguna persona de las que amaba sufriera esa agonía con él. Murió a finales de enero. Usted debe de ser Clara, ¿verdad? No imagina cuánto la quería. No podía dejar de hablar de usted. Murió abrazado a su foto".
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El fin de todas las cosas by Luisa Tomás is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-No comercial-Sin obras derivadas 3.0 España License.

7 comentarios:

  1. Hola¡
    Permiteme presentarme soy tatiana administradora de un directorio de blogs, visité tu blog y está genial, me encantaría contar con tu blog en mi sitio web y así mis visitas puedan visitarlo tambien.
    Si estas de acuerdo no dudes en escribirme
    Exitos con tu blog.
    Un beso
    tatiana.

    ta.chang@hotmail.com

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  2. Qué bonito relato!!! Final sorpresndente, del cual puede desprenderse toda una charla sobre el tema, ¿realmente nos gustaría que fuera así? ¿o preferiríamos guardar un buen recuerdo de esa persona y no uno amargo? Al fin y al cabo es el que le quedaría a clara de no haberlo descubierto...

    ¿Es tuyo? a mí me gustaba mucho escribir relatillos, pero perdí hace ya muchos años la inspiración... a ver si algún día cuelgo alguno...

    Saludos!!!

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  3. Hola, Tatiana. Qué tal. Puedes meter el blog en el directorio sin problemas. Mil gracias por el interés.
    Marta, sí, el relato es mío. Tengo bastantes, iré colgando de vez en cuando alguno. Cuelga tú también en tu blog. Prometo seguirte.
    Gracias
    Luisa Tomás

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  4. He llorado (no mucho), y ahora tendré que pensar en el porqué. No sé si darte las gracias, o no.

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  5. No llores, que te oxidas, hombre de hojalata.

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  6. Anónimo3/3/10 3:12

    bueno realmente me conmueve estos parrafos.quien no sentiria el mensaje de este texto

    gracias por dar lugar a las opiniones

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  7. Gracias, Anónimo.
    Gracias a ti por leerme y participar

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