Cuando ella se despertó, supo que la falta de tiempo era una excusa para no enfrentarse a las verdades. Habían dejado de compartir las lluvias y, por añadidura, las cálidas humedades. Y el sudor. Y el dolor de cabeza. "Ataremos bandadas de gorriones a nuestras muñecas, huiremos lejos de aquí, a otro planeta, llévame...".
Zumo + Ibuprofeno: buen día para dejar de fumar. Y de beber. La manida frase "siempre sale el sol", además de una obviedad, es una verdadera putada. "Él decide por fin vomitar las ideas, ella lo sabe y tranquilamente lo espera"...
O esperemos al otoño, cuando la tele se pueble de anuncios de colecciones y el fútbol mitigue soledades y rutinas, o genere otras. Cuando te invite a frío y me ponga la gabardina negra, ésa que me queda tan bien y tanto te gusta. Y las botas altas o los tacones rojos. Y el humo acompañe a las tardes como parte del atrezzo de una película antigua, en blanco y negro. Y escuchemos la música de entonces, tomando un café. Quizá para esos días grises, mientras agoniza septiembre, ya no queden reproches ni enfados callados ni huidas ni excusas. Ni más dolor. Ni miradas ocultas. Quizá para entonces los recuerdos ya no sean lágrimas ni las manos mentiras.
Al salir de la ducha, aquella mañana de julio, supo que nunca había vivido un verano tan desapacible. Y que más bien parecía un largo invierno teñido de sol, de tejados que agonizan, de un viento helado que perturba la piel y la hiere. Y prefirió el invierno y un sueño profundo en una cabaña de madera, con chimenea y nieve. Y un relato inventado a oscuras. Y el tacto caliente. Quizá para entonces, al abrigo de enero, su boca cobarde pronuncie "te quiero. No te vayas nunca, no te vayas lejos".
P.D. o Moraleja: Ella jamás volvió a beber tequila. Le provocaba resaca, incontenibles ataques de sinceridad, despertaba su libido y le recordaba que lo quería demasiado. Y, como todo el mundo sabe, amar perjudica seriamente la salud. Y el Ibuprofeno, el hígado.