El blog de Luisa Tomás

El blog de Luisa Tomás

domingo, 20 de febrero de 2011

A los quince de mi Ramón


Lo mejor de ti es que, a tus quince, no les falta un ápice de la alegría que tenías a los tres. Y que fue creciendo a los cuatro, y a los cinco, y a los seis... Y que llega a tu hermosa adolescencia con una fuerza casi insultante, abriéndose paso victoriosa ante tus primeros problemas, dudas y contratiempos. Que ahora, Ramonete, se te hacen un mundo. Y lo son. Porque tu mundo es tuyo y bien contenta estoy de estar en él en forma y figura de "mi tía, la que nunca regaña".

Lo mejor de tus quince es que alegraron mis 19 y que son ejemplo y orgullo de mis 34. Naciste cuando más te necesitábamos. Tu abuelo, del que has heredado nombre y carácter, se nos iba. O eso decían todos menos él, que se empeñó en conocerte. Y no es para menos: preludiabas primavera en aquel despacible febrero.

Fuiste savia para el viejo roble sobre cuyas raíces hemos crecido y nos sujetamos todos. Sangre de su sangre, compartís hoy optimismo y fuerza, Ramones, y un ser y estar a prueba de reveses. Ya de bebé apuntabas maneras: te caías y levantabas las veces que hiciera falta, llorabas porque querías y callabas si te apetecía. A tu frente jamás le faltaba un chichón y la expresión "estar quieto" jamás formó parte de tu código infantil. Eso no iba contigo, baby. Donde esté una buena caída, vaya la cabeza por delante, que se quite una apacible siesta: eso es de bebés aburridos. Y tú, Ramón, siempre has tenido mucha marcha.

Lo de dormirte era una misión imposible y tus actuaciones bien merecen un Oscar. En el pueblo, la calle era tu reino y las cabañas tu palacio. Príncipe entre las vecinas, despertabas a medio barrio dando patadas a las puertas mientras te apretabas un biberón ataviado con un batín rojo. Y la abuela persiguiéndote calle arriba calle abajo con la arritmia a toda pastilla y el sintrón en vena.

Dueño de una imaginación desbordante, has urdido fugas -con tus primos y tu hermano como impagables cómplices-, puesto en aprietos a más de un adulto con preguntas imposibles, escondido mochilas en el congelador y has hecho de la mirada un arte que tú enmarcas con unos pestañones inmensos, como tu corazón, que hoy late con la vitalidad de los quince y que promete una vida llena de emociones y alegrías: no mereces menos. Es lo que tú nos das.

Primo enrollado, hermano protector, hijo ejemplar, nieto cariñoso, sobrino ideal y noviete cañón (eso sé que dicen las chavalas), llevas en tu piel, tan fina y blanca, la nieve de las Sierras de Cuenca y la brisa del Cantábrico, mezcla en ti explosiva: pura energía, inteligencia y vitalidad.

Eres un pillo irredento, Ramón. Una mente inquieta: todo lo coges al vuelo, todo lo ves, todo lo escuchas, todo lo presientes. Todo lo vives. Todo te alegra, todo lo sufres. Y eso -que lo conozco bien, te recuerdo que compartimos un buen cacho de código genético- tiene de malo y de bueno, pero más de lo segundo que de lo primero. Pasar por esta vida con indiferencia vale menos la pena que pisar el camino con pasión: bailando de alegría o pataleando de rabia.

¿Más virtudes? No te callas ni debajo del agua, donde te mueves como un pez, dicho sea de paso -eres atlético, espigado, deportista y ágil, da gloria verte coger olas con tanta gracia y esa figura que derrocha maneras de tipo interesante-. Eres un ciclón arrollador.

Me gusta tu ilusión. Jamás vi a un niño abrir tan emocionado los regalos de Reyes ni defender con tanta vehemencia que había visto a Melchor. Me gusta ese brillo en tus pupilas, esa sonrisa inquieta. Me gusta la luz que te preside, la llama que te domina. La hoguera de emociones y grandes pasiones que eres, sobrinito de mis desvelos.

Me gusta tu risa, tan pegadiza y franca.
Me gusta de ti hasta tu enfado.
Pero sobre todo me gusta cómo pones tu inteligencia al servicio del amor: me gusta cómo quieres a la abuela, que es mi madre, cómo la cuidas y la mimas. Cómo la miras y comprendes. Sabes dónde haces falta, en qué corazón acomodarte; y eliges el más frágil, afectuoso y maternal. A veces el más olvidado, de tan acostumbrados que estamos todos a que siempre esté ahí. La quieres y proteges como lo hace tu abuelo (y ya tenéis algo más en común), Ramones de su latido.

Contigo, Ramón, he llorado y he reído. Te he cuidado y dormido. Y ahora que te alejas de la infancia a pasos del gigante de quince que eres, queda en mí el deseo de seguir compartiendo contigo las sonrisas y las penas, de tomar juntos todos los años el roscón de Reyes -nuestra fiesta favorita-, de compartir desastres y cumpleaños, las pequeñas tragedias del día a día y la alegría de vivir. Contigo es imposible no tenerla.

Te quiero mucho. Tu tía.

P.D.: Te pongo en la foto sin cortarme un pelo porque ya ha llovido (en Cantabria) y nevado (en Cuenca) desde entonces. Es la Semana Santa en la que Jonás y Gato, tus perritos, entraron a formar parte de esta nuestra familia. Estábamos en el pueblo, como siempre por esas fechas, por ahí asoma un cacho de tu primo Alfonso. Os pasasteis la semana haciendo el indio los cuatro, Nerea, Alfonso, Juan y tú. Como siempre. Pero esta vez con el agravante de los perros. En fin... Hoy, que es tu cumple, brindaré para que hagas el indio durante toda tu vida, que presiento y deseo larguísima, emocionante y feliz.

13 comentarios:

  1. Con el lagrimón en todo lo alto y la sonrisa a punto de estallar...¡¡¡¡Feliz cumple, guapón mio!!!

    ResponderEliminar
  2. Anónimo20/2/11 0:38

    Muchas gracias tita susanita. Tienes razón en una cosa he heredado de ti muchas cosas, pero nunca seré capaz de expresar los entimientos de la forma en la que tu lo haces.
    Me ha encantado esta tarjeta de cumpleaós tan enrrollada que me has hecho y espero poder vivir muchas fiestas de Reyes o de cualquier cosa contigo, disfrutandolas como hacemos siempre (con sus obras de teatro, sus enfados, sus abrazos y todas esas cosas) porque no hay nada mejor en el mundo.
    Adoro tus poemas.
    Muchas gracias tia enrrollada.
    Te quiere muchiiiiiiisimo tu sobrino ideal.

    ResponderEliminar
  3. Para tí que solo tienes quince años cumplidos...
    Preciosa carta, felicidades a todos!!!

    ResponderEliminar
  4. Ay, mi sobrinito, qué majo. Nos quedan muchas fiestas que celebrar y muchos abrazos que darnos, nene. ¿Las obras de teatro familiares? Son geniales, y el atrezzo bien barato. Y el descojono... inmenso. Yo también te quiero, pequeño grandullón.

    Pilar, muchas gracias por participar en nuestra pequeña pastelada familiar.

    Un beso

    ResponderEliminar
  5. madre mía que cosas escribe tu tía... emocioná y con lagrimilla incluida de leer!! que BONICO!! Felicidades pestañones!! Besos Luisa Tomasa !!
    Anfrolia

    ResponderEliminar
  6. Los sobrinos no merecen menos. Tú lo sabes bien,Anfrolia

    ResponderEliminar
  7. Si fuera niña, diriamos -LA NIÑA BONITA-
    Veo que tienes muchos motivos para que nos digas donde te llevamos la sabana, aunque, como no lo dejes, no vá a quedar nada para que tus nietos digan,"A LA ABUELA NO LA BESAMOS PORQUE TIENE B........."
    Muchos besos.
    Paquita.

    ResponderEliminar
  8. Sí, Paquita,, se me cae la baba con mis sobris. Son más majos...

    ResponderEliminar
  9. Suerte tienen de poder leer cosas así. Me da pudor comentar cosas familiares, pero me ha encantado "la inteligencia al servicio del amor" especialmente. Enhorabuena por el escrito, y a él, entre otras cosas por una tía como tú.

    Un abrazo :)

    ResponderEliminar
  10. Gracias, la suerte es mía por tener unos sobrinos tan majos y unos lectores tan agradables.

    ResponderEliminar
  11. La foto es muy buena, muy vivaz. Una entrada totalmente entrañable que nos recuerda, en medio de tantos disgustos, que la vida sigue imparable, ¿cómo habías dicho? "con una fuerza casi insultante". Eso me empieza a pasar a mí con mi niña, que ya va a los 9, y me asombra con la potencia con la que crece.
    ¡Qué suerte tienes que demuestre su amor, que muchos niños y adolescentes no lo hacen! Quizás porque son así, quizás porque replican el modelo que han visto en casa, en el mundo, a saber...
    Dale caña, mucha caña.
    Besos.

    ResponderEliminar
  12. la de regañinas que me habré llevado por la culpa de tu sobrinete... En fin, solo puedo decirte que no escribes, imprimes los sentimientos en el papel con cariño cuando hablas de tus sobris y que nosotros sentimos la misma devoción por ti.
    De la única sobrina a la tía cómplice.

    ResponderEliminar
  13. Nena! ¡Qué alegría! ¿Regañinas tú? Anda, bruji, que seguro que no es pa tanto... Que menudas las habéis liado, majos. Y las que os quedan, me temo. No quiero perderme ni una.
    Besos, reina mora rubia.
    Bs

    ResponderEliminar