El blog de Luisa Tomás

El blog de Luisa Tomás

martes, 21 de septiembre de 2010

Señores, va por Jorge Torá


Amante del hedonismo y aficionada a los toros, me gusta frecuentar la Plaza de Las Ventas (pónganme cruz este verano, ya que sólo he ido un domingo y por vergüenza, pues acabé hastiada la pasada feria, harta de toros, toretes y toreros, y hasta me juré no volver en mucho tiempo –dios me castigará por no cumplir mi palabra–). Y mira tú por dónde va la vida y me pone en suerte ir a una portátil, a ver a un novillerito que se hará torerazo. Y allí que me planto, padre y sobrinos incluidos en el lote.

Cuatro y media de la tarde, 18 de septiembre de 2010. Agoniza el verano en la desolada serranía conquense. El cierzo, implacable por estas geografías, azota sin piedad el monte. Hay más nulos que claros. El horizonte se viste de oscuro, como de luto. El pueblo, recóndito, desapacible, en un alto, se muestra hostil: el café es malo y hace frío. Ni un alma por la calle. Pintan bastos.
Las primeras caras amigas recuerdan que estoy aquí por algo más que por afición y amor a esto del toro: los amigos son importantes. Y entonces me doy cuenta de que estoy donde debo estar. Y eso me hace sentir muy bien.

Cinco menos cuarto. La plaza se levanta en un patatal: cardos y barro. Somos los primeros en comprar las entradas -lo juro, tenemos los números 1, 2, 3 y 4-. "¿Quedan de sombra?", bromeo con el de la taquilla, un chaval achuladito, con visera, que avisa: "No va a empezar a la hora, empezará más tarde, a ver si la tarde abre". "Pues como no haga dios un milagro"...
Aquí no hay tacón ni gente guapa. No hay rubias de contrabarrera. Ni repeinaditos de mocasín y chaqueta cruzada con minifaldera en ristre. Ni gritos de guapo al figurín de turno. No hay clavel en el escote ni copas caras.

Cinco y media. Y que si quieres. Que esto no empieza y aquello, más que un ruedo, parecía un campo recién arado. El gélido hierro de la plaza. El monte al fondo, pálido, como con hambre. El viento soplando entre el desolado graderío, gris, decadente.
Hay anunciados tres novillos, uno para cada chaval, y un rejón (pereza, pereza, pereza de rejón, pero, como es el último, igual nos lo saltamos y nos vamos a ver el fútbol). Jorge Torá, amigo y valiente donde los haya, abre plaza.

Seis de la tarde. El paseíllo. "Jorge es el que mejor anda, el más torero", le digo a mi padre, que sonríe (le gusta que me gusten los toros). No veo bien la cara de Jorge, pero la adivino cuajada de valor y de emociones. Nerviosa, con cierta rigidez. Uno no lidia un novillo todos los días. Y cualquier oportunidad es buena. Sea donde sea, como sea, cuando sea.

Y Jorge lo recibe con gracia con el capote, pero el novillo no aguanta. No tiene fuerza. Y Jorge le habría ganado hasta echando un pulso. Cada pase es una agonía de caídas. Jorge se desespera: con las ganas que tiene y que le salga eso... El piso no ayuda. El bicho se cae y poco se puede hacer para evitarlo. Ni a media altura ni a altura ninguna. No puede ser.
Las peñas, ruidosas, extravagantes, como todas, combaten el frío con vino. El novillo se niega. Jorge, con oficio, saca de donde no hay. Una chica gigantesca (200 kilos en canal), con un bocadillo de dos kilos de panceta en sus amorcilladas manos, grita "música, música". Y el bicho en el suelo. Grotesco. Sórdido.
No hay calidez ni aplauso. Del segundo y el tercero, mejor ni hablar. Los novillos, como el anterior. Los chavales... na de na. Lo mejor, la sonrisa amable de los amigos que deambulan por la plaza. Su calor. Su gesto.

"Que el rejoneador no sale, que dice que así, conforme está el ruedo, él no saca los caballos". "¡Pues mejor, que se lo echen a Jorge!".
"Ya, pero está "arreglao" pa'l caballo".
"Bueno, y qué le vamos a hacer. Es lo que hay".
Y se lo echaron. Y sí, estaba "arreglao" pa'l caballo (si no fuera para el caballo, también lo habrían "arreglado", dadas las características del festejo), pero el bicho era un pavo de cuatro añazos, bien metido en kilos. El ruedo seguía como si un ejército de topos lo hubiera dinamitado (arenero es un concepto desconocido en según qué plazas), pero el animal no se caía. Y además embestía.

Y el milagro se hizo. Y Jorge se hizo con él. Abrió el tarro de las esencias con el capote. Muy bien con la muleta. "Venga, Jorge, que ya es tuyo". Y la cara de Jorge era un poema: gozo y disfrute. Valor. El sudor empapando sus ojos.

"Vosotras, que sois seguidoras del chaval, decidle que por la izquierda", me dice un abuelito con cierta ironía. "Ya tiene quien se lo diga", me revuelvo yo sin ápice de ternura y rezumando mala leche. "Y mucho mejor que usted, coño". Y el amigo, el maestro, ya lo había visto venir y se lo había anotao. Y Jorge asintió, chorreando sudor. Y como si un dios le saliera de dentro, templó dos naturales eternos, con mucho gusto. Muy toreros. "Ole, Jorge, ole", le grité.
Y la gorda de la peña ya no pedía música, ni comía bocadillo. Sin saberlo, había visto torear. Y eso no pasa todos los días.
Y si el toreo se da, maldita falta que hace la música. Fue un momento. Unos minutos, y ahí nació el héroe (cómo necesitamos héroes en este mundo, no me canso de decirlo). Y se descubrió el torero. Y hasta el sol se asomó.

Entonces, un sms entró a mi móvil. "El toreo es grandeza", decía. Sin más. Y todo se dio a la vez. Pura poesía.

Jorge, ojalá te vaya bien
. Sé que te veré en otras plazas y te aplaudiré en Madrid. El camino -y éste me imagino que más que otros- es áspero y está lleno de dificultades, pero hay que andarlo con pasión y valentía, y a ti te sobra. Además, cuentas con grandes compañeros: basta mirar a tu alrededor para ver que te abrazan los mejores amigos. Vosotros, los toreros, sois los guardianes del valor; los últimos héroes; os atrevéis a danzar con la muerte en un rito de oro. Pura liturgia. Sois suspiro. Sois vida.
Vaya para vosotros este aplauso callado, mi ánimo. El aliento.


P.D.: Jorge, no he encontrado fotos tuyas. He puesto una preciosa de Manon. Enorme fotógrafo. Tremendo aficionado. Un gran y queridísimo amigo.

9 comentarios:

  1. Olé!!!
    Que bonito,yo que no entiendo de toros, disfruto en las fiestas de los pueblos como un enano, por eso mismo porque lo que no nos hace falta es gente guapa,¿pero esa afición?que lo mismo corremos al toro que banderillamos al torero.
    No será arte, pero lo que si he visto en muchos pueblos, es mucho valor en los toreros y ganas de llegar, espero que Jorge sea uno de ellos.
    Paquita.

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  2. GRacias, Maga.
    Gracias, Paquita.
    Jorge llegará, seguro.
    Besos a las 2

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  3. Al natural24/9/10 19:19

    Leyéndolo me he sentido en la portátil de Beteta, con mucho frío en el cuerpo y mucho cabreo con los toros en el suelo. Al final he sentido la música callada del toreo, del toreo que Jorge lleva dentro, del caro, del poético.

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  4. Eres más que bienvenido entonces. Y Jorge tiene mucho que dar, seguro. Lleva dentro un torerazo. El otro día lo sacó

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  5. La verdad que me he quedado sin palabras. Como se puede escribir tan sumamente bien. Como bien han dicho en otro comentario, me he sentido otra vez en esa plaza y en ese pueblo. Desde ahora mismo tienes mi mas sentida admiracion como aficionada de "madrid" y como grandisima profesional... Ah jorge un torerazo!! besos

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  6. Besos a ti también, Anónimo.
    Qué suerte tenerte por esta plaza. Cualquier día le hago una loa a la estampa del cigarrito, las gafas de sol y el capote.
    Indescriptible.
    Abrazos y no te aburras
    Luisa Tomás

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  7. No me gustan los toros, pero estoy leyendo un libro que voy recomendando a todo el mundo. "Juan Belmonte, matador de toros", de manuel Chaves Nogales, una maravilla que aprovecho a recomendarte si no la has leído. No es que fuera antitaurino, pero me ha hecho ver las cosas de otra forma, los diálogos con el miedo de belmonte en los días de corrida, su amistad con su rial Joselito, su evocación de un mundo de valor y muerte escondida. o creo que me aficione, pero al menos no me convertiré en el típico pedantuelo que desprecia a los taurinos.

    Y tu escrito, y saber que te gustan los toros me inmunizara aún mas. Un saludo.

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  8. Gracias, Explorador. Conozco el libro. Lo he leído. Me gusta muchísimo. Gracias por tu aportación, siempre tan inteligente
    Habría mucho que decir respecto a los toros. Tengo grandes amigos, excelentes aficionados, que afirman que para que se acaben los toros no hacen falta antitaurinos, sino ver lo que vemos la mayoría de las tardes: figuras con el medio toro, no valientes con un animal entero y peligroso. Es un debate complejo.
    Y sí, me gustan los toros. Me interesa la tauromaquia. Y me encanta que te pases por aquí. Gracias, gracias.
    Otro saludo

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