El blog de Luisa Tomás

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jueves, 14 de abril de 2011

De los fracasos y el miedo. Ah, y que los sueños, sueños son



Desde que dejé el psicoanálisis, el blog me sirve, en cierta medida, como terapia. La otra noche soñé que iba a una productora con el guión –la biblia– de mi serie (sí, ésa que lleva en ciernes un año y sin avanzar un sólo renglón meses) y que para que el productor accediera a leerlo, tenía que acostarme con su secretaria, que en realidad era un hombre vestido de mujer y maquillado y peinado al más puro estilo años ochenta. Si queréis más detalles, tenía cierto aspecto de azafata, era una mujer (cuando aún no había descubierto que era hombre) demasiado neutra, poco expresiva y sin un rasgo que la caracterizara, como una azafata de Iberia o Kate Middelton. Asépticas. Correctas. Si seguís queriendo detalles, se quitaba una peluca, resultaba ser un tío y ahí me desperté o cambié de sueño. Aún no lo tengo claro.
Qué curioso es esto de los sueños –mi psicoanalista diría que lo de curioso no es el adjetivo adecuado, pero hace tiempo que paso de mi psicoanalista–. Si fuera a su consulta tal día como hoy, él me preguntaría que si me provocaba más desazón o incomodidad el hecho de tener que acostarme con ella para que alguien leyera mi guión o el hecho de que fuera mujer. Y yo, hastiada de analizar sueños sin llegar a ninguna conclusión, diría: "Ambas cosas". Y él diría: "Explícame cómo te sentiste". Y yo intentaría cambiar de tema porque mi mente, que a veces funciona demasiado deprisa, estaría verbalizando cualquier gilipollez, quizá improvisando sobre la marcha, hilando frases inventadas sobre cómo me sentía en ese sueño (¿sería una Luisa real u onírica?), y a la vez pensando que el tío –mi terapeuta, con el ánimo en to lo alto por el pernicioso efecto de la primavera– quería llegar al meollo del asunto.

Decepcionado al no hallar en mí ni una sola palabra referida al sexo, concluiría que, en realidad, lo que me pasa es que tengo miedo a terminar el guión porque temo fracasar y que no le interese a nadie, que jamás nadie lo lea y, por supuesto, que jamás se grabe ni un segundo de esa serie. Que los sueños reales, los que pasan cuando estás dormida, son más de verdad (aunque no lo sepamos, puesto que transcurren en el inconsciente) que los sueños de mentira, que son los que se dan cuando estás despierta (es decir, cuando voy conduciendo, oigo una canción y pienso que estaría bien para terminar el capítulo en el que Candela se lía con Juan, a la altura del seis de la primera temporada).

Conclusión: no me hace falta psicoanalista para saber que tanto el guión de mi serie como el de mi corto están ideados, comenzados y nunca terminados porque me vence la idea de engordar con ellos la lista del fracaso. Así que, tal día como hoy, 14 de abril, siguen durmiendo el sueño de de los justos –y casi de los olvidados– en mi escritorio. A la espera de que algún valiente ¿seré yo? los remate. O bien los queme.

P.D.: Y encima no paran de llegarme cosas sobre la nueva temporada de True Blood, la serie que me habría encantado hacer. Menos mal que no soy de deprimirme, si no, esto, más que un desahogo, sería una carta de suicidio.



miércoles, 16 de febrero de 2011

Sed de sangre


Ayer me dijo mi amigo Manon, un tío con bastante criterio y todo mi respeto, que True Blood, para él, no será una de esas series que recordará con el paso del tiempo. Yo lo entiendo, True Blood no es Los Soprano, no es The Shield, no es Mad Men. Pero True Blood es una gran serie que, para mí, corre peligro. Y lo corre a partir de su tercera temporada. Pero puedo prometer y prometo que la primera temporada de True Blood es lo más canalla, sugerente, sensual, divertido, irreverente y sinvergüenza que yo he visto en mucho tiempo. Y eso lo recordaré. Vaya que si lo recordaré, como recuerda uno el primer beso. Y como recuerda la ingenua Sookie el día en que conoció a Eric, el que iba a ser su perdición, sin ella saberlo.

Vamos por partes y empezamos por un vídeo. Éste.




No es un vídeo promocional. Se trata de uno de esos montajes de música e imágenes que hacen los fans desesperados, como yo, por ver la próxima temporada –hace tiempo que dejé de contar por meses, semanas o días, cuento por lo que falta para que se venda la cuarta de Mad Men, lo que hace que acabó Sons of Anarchy o lo desesperante que es no tener más True Blood hasta junio–. Hoy lo he visto, navegando en este mar sin calma que es mi horario laboral, y me ha encantado.

Para empezar, la música no le puede ir mejor. Y para seguir, mezcla muy bien las imágenes. El vídeo cuenta la primera noche que Sookie va al Fangtasia –bar de vampiros y para colmilleros (aquellos a quienes les encanta mantener relaciones con los vampiros)– y conoce a Eric. Ella va con Bill, su novio vampiro, todo un fiera (y no bromeo), y conoce al displicente Eric. Lo que pasa entre ellos no voy a contarlo aquí, aunque algo se intuye en el vídeo. Los que sois seguidores sabréis distinguir qué imágenes pertenecen a la "realidad" y cuáles al subconsciente. Para los que no lo sois, os aconsejo dejar volar la imaginación.
¿Lo mejor de volver a ver estas imágenes? Descubrir más razones por las que True Blood es una gran serie. Una de ellas es la coña y la calidad con la que trata las imágenes, los ambientes... Entrar al Fangtasia con tu vestidido de niña sureña virgen, del brazo de un vampirazo, y que ese rubio de mil años despierte el deseo más oculto que hay en ti no tiene precio y, si miras bien, y ves cómo está decorado el Fangtasia, no te queda más remedio que quitarte el sombrero y amar a Allan Ball sobre todas las cosas: un póster de Drácula, un cuadro de un vampiro mordiendo a la estatua de la libertad...

Más. Y añado otro vídeo. Éste de la tercera temporada, la peor. El vídeo es éste.



¿Por qué éste y no otro?
La razón principal es porque la canción me vuelve loca, como toda la banda sonora de la serie. Pero además porque se ve estupendamente cómo aquel deseo que se intuía entre Eric y Sookie ¿aun sin ser consumado? hace que el vampirazo sea ¿capaz de sacrificarse por ella? y se tueste al sol cual lagarto. Que por qué pongo interrogaciones. Fácil: no os lo voy a contar todo. Pero me encanta ver a Eric, tan chungo, suspirando por esta niña cursi, que es todo un personajón. También me encanta ver al rey de los vampiros con esa urna transparente donde se ve una guarrería roja: es su amante –un apuesto joven– triturado, licuado y comprimido. Sí, lo mataron y él, enamorado, lo lleva consigo a todas partes.

Más coñas: las pintadas contra los colmilleros en la puerta del Fangtasia. Y sí, la tercera es la peor, pero el momento en que el rey de los vampiros irrumpe en directo en el telediario y le saca la médula espinal a la presentadora es impagable. Por esto y mucho más creo que es una gran serie.

Pero sobre todo, sobre todo, sobre todo, es una gran serie por la habilidad para meter historias –lo del rey gay, el tráfico de sangre de vampiros, la magia negra, el hermano de Sam, los amores de Jason, la secta fanática...– en una serie que parte de un argumento disparatado –los japoneses inventan la sangre sintética y los vampiros no necesitan succionarla de los humanos, por lo que empiezan a "convivir"–. El humor negro, la sensualidad, la atmósfera, la música... Y el placer de volver a verla y ver lo que antes no habías visto –detalles como ese periódico sensacionalista sobre una mesa con un gran titular: "Angelina adopts vampire baby"–. Si a esto le sumamos la banda sonora, lo buenos que están todos, le añadimos un poco de sexo, una pizca de irreverencia e incorrección política, el resultado es que... o llega pronto la cuarta o la que esto firma tendrá que buscar palabras nuevas que sustituyan a la expresión "echar de menos", pero hiperbolizando, exagerando y, por supuesto, viendo de vez algún cacho de mi adorada True Blood.

P.D: La dosis semanal de The Vampire Diares no aplaca mi deseo. Eric sigue siendo más total y sinvergüenza que Damon Salvatore, y ya es mucho decir.

martes, 23 de noviembre de 2010

Confesiones lunáticas


Stefan Salvatore es un príncipe azul. Y, como todo el mundo sabe, los príncipes azules destiñen. Es guapo, bueno, listo, hábil, culto, honesto... En fin, que el único defecto que tiene es que es vampiro. Pero, si una se pone frívola, y dado que estamos hablando de una ficción, eso no es un problema, más bien una ventaja. Si Elena se decidiera y se pasara al lado oscuro, tendría todo un tipo a su lado per secula seculorum.

Damon Salvatore es un crápula y un gamberro, pero es divertido y encantador. Y, si rascas, hallas. Y qué hallas. Pues un corazón, vampírico, y a veces cruel, pero corazón al fin y al cabo. Y ya late por Elena. Y es ahora cuando la serie está tremendamente interesante y es más hermosa que nunca. Sí, me he rendido a los encantos de "The Vampire Diaries" con la misma facilidad, y la primera resistencia, con la que Elena parece sucumbir, aunque se niegue, a los encantos del hermanísimo.

¿Habéis visto la luna? Estos días está espléndida, plateada y fría como un cuchillo. Echando la vista atrás, he visto que el año pasado por estas fechas, también la luna llena me tenía subyugada, y a ella le escribí un post, uno de ésos -de tantos- que cuando los vuelves a leer te avergüenzas, pero qué coño, lo hecho, hecho está. También entonces, como ahora, "Doctor en Alaska" ocupaba parte de mis reflexiones. Esto me hace pensar otra vez en el tiempo como espiral y en Nietzche, o en el día de la marmota, por darle un nombre al asunto más cinematógrafico y dejar al alemán para post más concienzudos y menos espontáneos que el que ahora me ocupa. Bien, planteado esto, ¿tengo que pensar que me repito? Sí, desde luego, pero, quiero decir, ¿el año pasado por estas fechas me sentía más o menos como me siento ahora? Lo que escribía así lo pone de manifiesto. ¿O es que simplemente soy una lunática? Dejémoslo ahí, que no puedo hacer de mis lectores un psicoanalista gratuito.

Más. Sea como fuere, la Luna, Selene, Ixchel... tiene un poder de seducción al que pocos se resisten. De todos los mitos e historias de la luna, hay una historia -y cito de memoria, igual hay algún datillo que se me va- en el "Popol Vuh", libro sagrado de los mayas, que me encanta. El libro habla de la Creación -como todos los libros sagrados- y cuenta que los dioses crearon primero a los animales, pero que como éstos no tenían el don de la palabra -el verbo, tan importante en toda cultura y religión- no podían venerar a los dioes, por lo que fueron rebajados a ser espíritus inferiores. Luego se creó al hombre de barro, que hablaba, pero era frágil, no resitía al sol ni a la lluvia. Luego crearon el hombre de palo, pero no tenía sentimientos ni palabra. Entonces, los dioses enviaron el Diluvio Universal (¿os suena? Por cierto, aquí también hay un descenso a los infiernos) y los hombres que sobrevivieron a él fueron rebajados a la categoría de simios. Al tercer intento, Ixchel, la luna, molió maíz. Y al molerlo, la madre, como es mágica y fértil, obtuvo sangre. De esa sangre creó al hombre definitivo, al hombre que habla y honra a la deidad y a la que luego le debía sacrificios... de sangre, claro, con el escándalo que esto supuso para el conquistador extremeño de a pie o a caballo y católico para más señas.

Después de este rollo y de no saber muy bien por qué me estoy dispersando tanto, vuelvo al principio del post. Y a "Crónicas Vampíricas". Tengo la sensación de que esa serie es mejor de lo que parece, incluso, y de que deja sueltos bien pocos cabos, amén de tener interesantes referencias. A ver, ahora, nuestros protas andan envueltos en un lío de padre y muy chamán mío con un hechizo que tiene que ver con la condena de hombros lobos y la luna llena, los vampiros y el sol. Y anda por ahí suelta una piedra lunar, el sacrificio de sangre de una inocente y la maldición de un chamán. Para más inri, Elena está en peligro. Y quién la protege. Muy bien, los hermanos. Y en el capítulo 8 de la segunda temporada vivimos dos momentos alucinantes de los que os pongo vídeo. No puedo insertar, pero sí enlazar. Cuidado con los spóilers, aunque jamás os perdonaré que no los veais. Son dos minutos.



Total, que yo estaba en el salón tan ricamente viendo esto. Y desde la terraza se contemplaba una luna llena generosa como un pan recién horneado, pero fría, sugerente y desapacible. Pero a la vez envolvente y poderosa. Y me dio por llorar. Conclusión: soy una lunática. Y, en contra de la opinión general y aunque pueda parecer escandaloso, no me parece tan grave. Disfrutad de la luna llena. Está como para ponerse a aullar.

miércoles, 3 de noviembre de 2010

"The Vampire Diaries". Eliminando prejuicios (otra vez)


No debo preocuparme, aunque hay quien se empeñe en castigarme. "El capítulo 9 de Crónicas Vampíricas me ha encantado. Qué emoción. Qué miedo. A nadie en su sano juicio le gusta más Stefan que Damon". Eso he puesto en mi facebook hoy. Y rápidamente: "Pero cuántos años has cumplido, ¿14?"... "Mis vampiros de Bon Temps son mejores".... "Bla, bla, bla, bla...".

Sí, los vampiros de Bon Temps son mejores. No hay duda. Y no, no he cumplido 14. He cumplido 34. ¿Pero dónde está escrito que a partir de los 30 –¿o quizá de los 15?– una –una, y no uno, por dios– tenga que dejar de divertirse? En ningún sitio. Ergo... a divertirse se ha dicho.

No me cansaré de agradecer a Moltisanti
su consejo: "Insiste con Crónicas Vampíricas" –Gracias, Chrisi–. He insistido y me ha vencido.

Por partes –como Damon se merienda a sus víctimas–.
Mejor dicho, por puntos. Diez exactamente. Para todos aquellos que –como yo– tienen prejuicios a la hora de enfrentarse a esta estupenda serie -uf, menos mal que los vencí–. Bueno, no –qué jodido es esto de escribir del tirón–. No, no voy a dar diez razones para verla porque eso ya lo hizo mejor que nadie Moltisanti en su Carrusel –es el mejor blog de series, desde mi punto de vista–.


Así que no voy a hacer algo que ya está hecho y muy bien hecho.
Intentaré desmontar prejuicios, basándome en los míos propios.
Vamos a ello:

Prejuicio 1 de seriéfilo cultureta-gafapasta (yo no llevo gafas, pero me quedarían bien): "Seguro que es un producto de y para adolescentes".
Sí, para adolescentes y para los que no lo somos. En un primer momento, y en un alarde de honestidad, la serie parece una historia más de instituto americano. Y eso está, sí, pero también hay alcohol, sexo, fiestas un tanto "incorrectas", drogas y sangre. Es decir, aquí no sale Zac Efron cantando mariconadas. Lo del instituto es sólo el decorado ideal para coger un montón de jovencitos llenos de hormonas y ponerlos a funcionar en una historia compleja.
Prejuicio 2 de adicto a "True Blood" (éste es mío): "Seguro que es un plagio de True Blood".
No, no lo es. De hecho no se parece en nada. Sólo en que hay vampiros, y nada tienen que ver con los de Bon Temps. Tampoco la historia, ni la trama principal, ni el tipo de vampiro... Nada.
Prejuicio 3 de adicto a "Crepúsculo" (éste no es mío): "Seguro que es un plagio de Twilight".
No, no lo es. "Crepúsculo" sí es un producto adolescente y puritanillo. "Crepúsculo" es a "The Vampire Diaries" lo que una balada de Glenn Medeiros a un concierto de Metallica.
Prejuicio 4 de quien va de enteraíllo porque ha hecho un curso de guión (vale, éste es mío) y hace sus pinitos: "Seguro que son personajes planos".
No, no lo son. A ver, haberlos... haylos. Se necesitan. Pero Damon emerge con una fuerza sobrehumana, como buen vampiro que es, y se convierte en un personaje imprescindible. Cruel, sarcástico, egoísta, divertido y totalmente inhumano... hasta que deja de serlo (en momentos muy concretos, claro). Y ahí nos derretimos con él. Él es el verdadero protagonista. La razón de ser. "The Vampire Diaries" es Damon. Y es un personaje de los grandes, comparable a los grandes personajes de las grandes series.
Prejuicio 5 de quien está harto de las historias de amor pastelosas y los triángulos chica-chico bueno-chico malo (vuelvo a entonar el mea culpa): "Hasta los mismísimos estoy de historias de amor".
Sí, pero el amor es un tema universal. Siempre, en cualquier historia, aparece. Aquí el triángulo tarda un poquito en verse. De hecho, al principio, ni te lo imaginas, pero cuando ves a Damon sonreír... piensas: "Esta pava no se le resiste". Es hermoso. Ahí tenemos una buena tensión. Otro buen motivo para seguir devorando capítulos.
Prejuicio 6 de quien piensa "me va a aburrir".
No, no aburre. Ingredientes: buenos personajes, una historia bien atada y un misterio que el espectador no conoce y que poco a poco va descubriéndose. Asesinatos y personajes nuevos –y misteriosos– que van entrando y de los que no sabemos nada (normal, si no entraran personajes la serie se agotaría de tantos crímenes como hay).
Prejuicio 7 de fan intransigente del mundo vampírico (1):
"No me creo a los vampiros que beben alcohol, toman café y son repelidos por la verbena".
Bueno, sí, ¿y qué? Un vampiro es ficción pura y dura, no lo olvidemos, por dios, y cada uno se inventa su vampiro como le da la gana. Y es muy divertido verlos beber.
Prejuicio 8 de fan intransigente del mundo vampírico (2):
"Paso de los vampiros a los que les da el sol".
Ya, a Edward Cullen le da y se pone a refulgir. A éstos sólo puede darles si llevan su anillo mágico que aún hoy, en el capítulo 11 de la primera temporada, que es por donde voy, sigue siendo un misterio. A Stefan y Damon puede darles el sol por el anillo. El resto de vampiros no lo tienen. No puede darles. Así son estas historias. Hay que comulgar con ruedas de molino.
Prejuicio 9 de machote acomplejado:
"Paso ya de historias protagonizadas por adolescentes cañón que vuelven locas a las chicas".
Ya, hijo, no me agotes con tus rollos de macho ibérico venido a menos. Si fuera por eso las mujeres no pisaríamos un cine: el 98% de los papeles femeninos los ocupan tías con unos físicos de escándalo. Así que, libérate. Un tío bueno-tía buena llena las salas sólo por su cara bonita. Además, ¿quién quiere ver al feo de los hermanos Calatrava?
Prejuicio 10 de adulto coñazo: "No me interesan las historias de vampiros". Ok, no insistiré entonces, pero igual sí te gustan las historias inteligentes, con una base de amor, una pizca de ironía, tres cucharadas soperas de malote irresistible, cuarto y mitad de humor negro, dos gotas de seductoras miradas, un vaso de misterio sin resolver con traje de época incluido y 200 ml de amor-odio fraternal y eterno.
Así que, como diría Loquillo, dale, "muñeca, una oportunidad"... a los chicos de Mystic Falls.

martes, 26 de octubre de 2010

De vampiros y otras movidas otoñales


Ego vero fateor... (Cicerón, Pro Archia). Pero él lo usaba para otra cosa bien distinta. Yo cojo sus palabras para entonar un yo confieso lleno de dulce y culpable satisfacción. Hace unos meses, dije aquí mismo que The Vampire Diaries (Crónicas Vampíricas) no era chupasangre de mi devoción. Pero donde dije digo, digo lo que quiero: ha empezado a gustarme.

Uno de los culpables de que esto sucediera ha sido mi admirado Moltisanti, que me dio diez razones para insistir. Vale, he insistido. Tampoco me ha hecho falta mucho: sólo he visto un capítulo más. Y me ha gustado. Y me ha gustado lo suficiente para decidir que voy a comprarme la primera temporada, que no tardará en caer. Porque es una de esas series bonitas que no quiero ver online.

Vale, es un poco teen, pero no pasa nada.
Está bien hecha y es, sobre todo, muy estética, que es lo que más me llama la atención.
No sé si es que yo ya no tengo capacidad crítica o que estar sin vampiros en serie hasta junio del año que viene (cuando salga la cuarta de True Blood) se me hacía muy cuesta arriba.

Me encantan estos bichos. Y de The Vampire Diaries no puedo decir mucho, porque sólo he visto dos capítulos, pero tiene ingredientes: vampiro malo, vampiro bueno, historia de amor, almas atormentadas, diarios, caserón, cementerio... Es decir, ingredientes sufcicientes para que los amantes del género nos demos por entretenidos mientras dura el capítulo.

Ahora bien, creo que los directores de casting buscan un perfil muy determinado para el vampiro bueno (a ver, ya sabéis que soy de Eric, pero me voy a ceñir a los estereotipos). El vampiro bueno, enamorado y atormentado por el hecho de ser vampiro es un hombre atractivo, de rasgos afilados, mirada penetrante, pelo moreno, cortado un poco "antiguo", así, como con aire romántico. Un poquito duro, pero sin llegar a ser macarra. Sutil, delicado y a la vez fuerte, de los que te salvan si vienen los malos. Visten de oscuro y llevan chupas de cuero, sudaderas con capuchita... Y, claro, tienen la tez blanca y sugerente como un panecillo levemente horneado. Dicho esto, concluyo: Edward Cullen (Robert Pattinson, Crepúsculo), Stefan Salvatore (Paul Wesley, The Vampire Diaries) y Bill Compton (Stephen Moyer, True Blood) guardan un pareceido más que razonable. De todos, me quedo con Bill. Y entre Bill y Eric... pues rojo y en botella, al vikingo, sin duda.

Que cómo lo echo de menos, dios. Nunca pensé que una serie de televisión pudiera influirme tanto y tan para bien o tan para mal (no sé). Ego vero fateor... (again). Es decir, que vuelvo a confesarme: "No me gusta prestar mis series". Nada. No me gusta nada. Las series que compro (que son muchas, a menor gloria de mi discreto presupuesto) las compro porque son importantes para mí. No es una cosa que yo vea y olvide. No. Ni mucho menos. Me gusta tenerlas, volver a ver mis capítulos favoritos, ver las cajas y guardarlas con infinito amor. A día de hoy, sólo las presto sin demasiadas reticencias a mi amigo Manon and Cía. Éste (del que ayer alguien me dijo que es como yo pero en tío) es un tipo muy majo, pero muy peculiar que hoy me ha alegrado la mañana: "Me ha encantado True Blood, y mira que me jode".

Querido Manon, me encanta que te guste porque, aunque no lo creas, me gusta compartir mis gustos. Sobre todo si sirven para que en tu fabuloso hogar, que es también un poco mío (te aguantas), se disfrute viendo a estos vampiros pirados que pueblan las calles de Bon Temps. Además, tienes un privilegio: sois los únicos a quienes les he prestado "True Blood". Digo más: seréis los únicos.

Ay, cómo echo de menos a Eric y Bill,
y hasta a la tonta de Sookie. Para sobrellevar la nostalgia, vuelvo a confesar: voy a celebrar mi cumple, este fin de semana, con mi hermana, mi cuñada y mi sobrina. Hasta ahí todo normal, pero lejos de comprar tartas y engordar, vamos a vestirnos de vampiresas: gasas negras, terciopelos rojos y poco sentido común. Prometo que no habrá fotos.

jueves, 12 de agosto de 2010

Gracias, capítulo 8


Retiro todo lo dicho. Retiro aquello de que la tercera de True Blood perdía intensidad, retiro eso de que el amor no existe y tonterías por el estilo. El amor existe y tiene forma de serie de vampiros. ¡Bendito sea el capítulo 8 de la tercera temporada! "Night on the Sun‎", queridísimos adictos al V, ha sido el capítulo que nos ha reconciliado con esta estupenda y divertida serie. Tanto, que casi me ha hecho olvidar los tropezones de la tercera y el hartazgo de la ménade en la segunda y me ha llevado a aquellos trepidantes capítulos de la primera. Sangre, sudor y lágrimas. ¿Alguien da más? Y si no has llegado al octavo y no quieres spóilers, no leas más, porque, desde aquí, no voy a tener piedad a la hora de destripar el capítulo, como Eric destripa a... Venga, por orden.
La cosa empieza con Sookie gritando espantada (a la pobre casi se la traga Bill, más vampiro que nunca, aunque luego le salva la vida) y, por tanto, rompiendo con Bill por enésima vez. A lo largo del capítulo, ambos, rotos por amor, se dedican a sus quehaceres: Sookie se despide el buenorro de Alcide y Bill entrena a una cada vez más seductora Jessica, que se niega a abandonar a su creador y pretende ayudarlo en todo. Por otro lado, tenemos a Eric metiéndosela doblada al rey de Mississipi y a éste preparando un ataque con hombres-lobo a la casa de Sookie. Los demás: Sam sigue intentando recuperar para una vida normal a su hermano (dentro de lo que un cambiante puede tener de vida normal), Jason ligando con la rara de Crystal y Arlene con su embarazo en ristre. Lafayette bregando con su madre y con su nuevo ligue y Tara hecha una histérica, queriendo acabar con Bill. Poco más.
Lo más interesante: Eric, mintiendo como sólo él sabe, consigue convencer al rey para que le deje entretener a Talbot, su histérico marido (descojonante esta parodia del matrimonio). Y al final... se la clava –la estaca–. Sí, después de unas escenas con un tono elevadísimo, Eric venga a su familia vikinga matando al marido del rey de Mississipi, que en ese momento andaba en medio de una cacería en casa de Sookie, pero, al sentir la muerte de Talbot... pues se pira, levitando, claro, que pa eso es un vampiro milenario.
Mientras Eric seducía y le endiñaba a Talbot, en Sookie's house la tragedia se esparcía en forma de sangre y vísceras por la cocina de la inolvidable abuelita de la nena: hombres-lobo con Debbie al mando vienen a por la chica de Bill, que se defiende como una jabata y que cuenta, además, con la impagable ayuda de Bill y Jessica, toda una máquina de matar. La que allí se monta es indescriptible. Al final, ganan los buenos, claro, pero lo mejor está por llegar: una habitación de adolescente cursi –la de Sookie– destrozada, con la puerta arrancada, todo por el suelo, sangre, unas tijeras que ella le clava a Debbie y su vampiro, rezumando sangre por la boca... I love you, Bill Compton, dice ella. I love you, Sookie. I'm sorry. Y a lo suyo, es decir, el sexo salvaje.
Fin.
Una pasada.
Lo mejor es que hemos vuelto a ver uno de esos capítulos de "True Blood" en los que de vez en cuando miras los minutos deseando que queden muchos. Uno de esos capítulos que no te dejan ni respirar y uno de esos capítulos estéticos: maravillosas las escenas de Jessica y Bill en casa de Bill, tan decadente, con ese sofá rojo, ella tan pálida... Qué bonito, por dios. Ah, impresionante ese striptease de Eric –la foto no da mucha calidad, son capturillas, pero, bueno, pa recordar... sirve).
Alan Ball, por dios, haz muchas temporadas.
Nos tienes locos.
Tanto, que hoy recupero este vídeo tan "sugerente". Pues así ha sido el capítulo 8 de la tercera, sugerente, trepidante, misterioso, bello... Ay (eso es un suspiro de amor... de amor por esta serie, claro).

viernes, 16 de julio de 2010

Paréntesis


Hoy... podría escribir sobre la tercera de "Crepúsculo", que ya la he visto. Y decir que nunca he visto vampiros más light y menos sangrientos, pero que no me sorprende que las adolescentes de medio mundo –y las no tan adolescentes– se vuelvan locas con Edward: es perfecto. ¡Pero si es hasta vampiro! Porque si no fuera vampiro, sería demasiado simple: ama sin restricciones, está como un queso, es buen tío, culto, educado...¡Qué coñazo! Ah, amigas, pero es vampiro. Eso cambia la cosa: no, la mejora. Edward es perfecto. Y la peli no tiene mucho más: sigue sin sangre y sin sexo. Y eso, en una de vampiros, es una aberración. Algo así como si en una del Oeste no hay tiros. Pero la peli está entretenida, es la mejor de las tres, sin duda. Y el fenónemo, además, continúa imparable. Alguien se está forrando por ahí por haber puesto los ingredientes justos en un cóctel que, sin ser el mejor, a todo el mundo puede gustarle. Qué acierto.
También podría hablar del cuarto de la tercera de "True Blood", que ya va aclimatándose, ¡y cómo! Esto sí que son vampirazos. Y cómo mola Eric. La trama ha ido subiendo la temperatura con un juego político entre los reyes de Mississippi y Lousiana con tráfico de V incluido: es decir, el poder trapicheando. ¿Os suena? Pues pasa todos los días. Al cacao político se suman los asuntos amorosos con un Bill cada día menos apetecible y un Eric cada día más sublime (me confieso: me he hecho una camiseta del Eric Team, he tomado partido por uno, y me quedo al vikingo rubio).
Y podría hablar de qué "La vie en Rose" es una de mis canciones favoritas y que hoy se la he regalado vía mail a un amigo (no, a dos) pero que no hace mucho la bailé con la única peguita de que no sé bailar y que la versión era la de Edith Piaf, que me encanta, pero la de Louis Armstrong me mola mucho más. Me pone los pelos como escarpias. Qué emocionante y hermosa es.
Y que con éstos y otros sabores, con aquéllas y estas palabras, me dispongo a poner el mare nostrum de por medio y cambiar el paisaje urbano por otro más exótico y apacible. Entre otras cosas, me llevo a Madrid en el corazón. A vosotros también, esquilmados y fieles lectores. Y, sobre todo, el cansancio a cuestas. Pero prometo no traerlo de vuelta. Será sólo una semana, pero me servirá como si fuera un año.
Ciao. Mañana estaré tomando un té ahí mismo, con el Mediterráneo de fondo y el eco de la mezquita llenándolo todo.
Besos a tol mundo. Ya me voy cantando:
...I close my eyes
I see la vie en rose...
When you press me to your heart... la, la, la, la...

jueves, 1 de julio de 2010

Reconciliándome con "True Blood"...

...la conciencia me mata.
En mi anterior entrada decía que el tercer capítulo de la tercera temporada de esta serie me ha dao cierto bajonazo.
Y me duele que así haya sido. Y también expresarlo aquí, públicamente.
Así que no podía más y he decidido reconciliarme con mis muchachos de los colmillos, los verdaderos héroes de esta ficción.
Para hacerlo, he elegido dos de los vídeos promocionales de la tercera temporada de la serie (ya sabéis que se hicieron cinco minijoyitas promocionales con mucha gracia).
He cogido, para mí, los mejores.
Bueno, el de Bill lo he cogido para reconciliarme con Bill, que me tiene mosqueada, y porque es el momento previo a que termine la segunda temporada (cuando le compra el anillo de pedida a Sookie). El otro porque me hace muchísima gracia: Eric y Pam haciendo un casting de bailarines para el Fangtasia, el bar al que todos nos gustaría ir. Decidido: las caras de Eric son lo mejor de esta serie que me lleva de cabeza.
Chistes bizarros, humor negro y rollito canalla... también en los "minisodios" promocionales.




miércoles, 30 de junio de 2010

Se llama...



...Joe Manganiello, y está así de bueno.
Éste es el actor que da vida a Alcide Herveaux en la tercera temporada de "True Blood" (y si no has llegado al tercer capítulo de la tercera, que es donde aparece, y no quieres spóilers, no sigas leyendo. O sí. Allá tú con tu conciencia y tus spóilers).
Alcide... ¡qué personaje! En los libros tiene bastante importancia, ayuda y protege a Sookie cuando ésta anda como loca buscando a su adúltero novio. Sí, Bill es un adúltero en los libros, y también en la serie ahora que ha dado rienda suelta a esa atracción fatal que siente por Lorena, su creadora.
Aquí, en la serie, Alcide también viene a ayudar a Sookie, por petición de Eric, con quien su familia tiene una deuda. Se presenta como un tío majo, atormentado por una ex novia –en el libro es igual– y además es un hombre-lobo, que es lo más humano con lo que se relaciona Sookie, por extraño que parezca, ya que a éste le late el corazón, no como a su novio y a su –quizá– ¿próximo amante? No sé, dejémoslo ahí, pero, por la evolución de Eric, que es, sin duda, el mejor personaje de la serie, me da que Sookie no va a poder resistirse a sus encantos rubios y vikingos, sobre todo ahora que Bill anda haciendo el animal –literal– con Lorena y ha traicionado –al menos en apariencia– a la reina de Luisiana.
Al tema, este tercer capítulo de "True Blood" me ha decepcionado un poco, sobre todo porque hay dos temas que me cansan y no evolucionan:
1. La obsesión de Jason con el disparo de Eggs. Estoy harta de sus idas de olla y harta de su obsesión con la frente de la gente, a la que sólo ve con un disparo entre ceja y ceja. Sé que Alan Ball es listo y, aprovechando la renuncia del sheriff, quizá pondrá a Jason como nuevo agente de la ley para descojonarse de los agentes, la ley y sus circunstancias, ya que hay poca gente con menos cerebro que Jason.
2. Me cansa Tara. Y me cansa mucho. Creo que el vampiro con el que ahora se relaciona dará juego, pero, a día de hoy, es un personaje que me aburre.
Confío en que, a medida que se va armando la temporada, el engranaje me haga pasármelo tan bien como lo pasé con la primera y la segunda. Pero tengo un pálpito: la persona-no muerto-vampiro que nos va a hacer pasarlo bien va a ser Eric. Creo que él será el personaje de la tercera. Él y Alcide serán el tándem, pero Alcide es más planito. Un tío bueno, hombre-lobo honesto, con ética y un caballero. Pero Eric, ay Eric. Es la gran promesa.
De hecho, lo mejor de los tres capítulos de la tercera han sido frases de él –cito de memoria–.
Cap. 1: "Sookie". No es lo que dice, sino cómo lo dice, cómo entorna los ojos y el gesto que hace.
Cap. 2: "No hagas eso, me hace sentir patéticamente humano". Se lo dice a la tontorra de Sookie, que parece haber despertado en este animal el hombre que lleva dentro.
Cap. 3: Dice ella: "Iré a buscar a Bill. Él haría lo mismo por mí. Tú no lo entiendes". Él la mira, con ¿ternura?, y suelta: "Sí lo entiendo".
Y el mundo se derrite.
Alcide estará más bueno, pero como Eric no hay ninguno. En cuanto a Bill... su encanto empieza a difuminarse. Esperemos que lo recupere.
Salud y sangre fresca.

martes, 15 de junio de 2010

La 3 de "True Blood". Por fin



Llegó el día, y por fin vi el primer capítulo de la tercera temporada de "True Blood". Y no me decepcionó, y era fácil hacerlo, pues las expectativas eran elevadísimas, pero más elevado es el concepto del espectáculo que tiene Alan Ball, y la HBO en general.
¿Recordáis cómo acabó la segunda?
¿No habéis llegado a ese punto?
Pues si no queréis sobredosis de spóilers, no sigáis leyendo. O sí, lo que queráis.
El capítulo comienza tal como acabó el último de la segunda temporada: han raptado a Bill. Y Sookie, su dulce enamorada, lo busca. Rápidamente, aparece Sam, también buscando, pero... ¿a quién? Parece que a su familia, al menos es lo que se deduce a lo largo del capítulo. Después, dos almas atormentadas por la misma razón: la muerte de Eggs. Cada uno a su manera, la desequilibrada Tara y el básico Jason van a sufrir en esta tercera temporada el desastre que supuso acabar con la Ménade y su corte de seguidores dionisiacos, encabezados por el salidísimo novio de Tara. A lo largo del capítulo, Tara sufre la ausencia de su hombre y parece encontrar falso consuelo en las charlas religiosas de su madre, aunque parece que a la niña le va más el tequila con los tranquilizantes. Y Jason, jodido y con sentimiento de culpa, sufre lo único que no podía sufrir (ya que parece que es lo único que sabe hacer): impotencia.
Más: el humor. Cada diez minutos –matemático– aparece un punto que despierta una sonrisa (no una carcajada, ayer los ánimos del cine estaban subiditos y la peña se partía, cosa que no entiendo). La primera (y la mejor, para mí) de este primer capítulo es ver a Jessica recogiendo sensible el ramo de rosas que Hoyt le ha dejado en la puerta para a continuación arrastrar a un tío con el que va a cenar -literal-. Ya veis, la pobre vampiresita jovenzuela no se controla y, en cuanto puede, se va de caza.
Todo esto está muy bien y son historias –por ahí anda Arlene y Hoyt llorando amor– que rodean a los personajes principales, pero vamos al meollo. ¿Quién se ha llevado a Bill y por qué?
El por qué no queda claro. El quién: unos drenadores. Y ahí entran en juego todas las piezas que se van a mover en la tercera temporada. Porque el rapto de Bill lleva consigo toda una trama de tráfico de "V" en la que parece estar involucrada la misma reina de Louisiana, que implica a su vez a Eric. Y éste ha de deslizarse en un difícil filo de lealtad a su reina (los vampiros están organizados en un sistema de lo más feudal) y de honor (ha de salvar a uno de sus vampiros: Bill pertenece a la zona 5, de la que él es sheriff).
Lo mejor: el final. Bill, malherido, ha conseguido librarse de sus captores y resucita –como en aquel inolvidable capítulo de la primera, en el que sale de la tierra del cementerio, desnudo–, saliendo del suelo, lleno de tierra. Debilitado, ha de nutrirse. Y, para rematar, acaba rodeado de lobos (hombres-lobo, a estas alturas –sobre todo si hemos leído los libros– no esperaremos lobos comunes) a los que advierte: "Me he alimentado". Y se supone que empieza la pelea, pero eso lo veremos la semana que viene.
Cosas que no me han gustado de este primero: sólo una alucinación-sueño que tiene Sam... ¿recordáis que tuvo que beber sangre de Bill al final de la segunda? No digo más. Ah, y que Tara tenga tanto protagonismo. Ese personaje no me seduce.
Cosas que me han gustado: todo. Me sigue encantando la banda sonora, que no haya cambiado la cabecera, los decorados –cada día más la casa de Bill, qué maravilla, con esos cuadros–, los exteriores –tan farragosos, espesos, pantanosos, cálidos–, los guiños a la actualidad (esa portada de Men's Health con Obama al frente), que Eric entre en conflicto (va a ser el personaje de la tercera, lo sé) y, entre otras muchas cosas, que se salte a la torera los libros: así los fans de "True Blood" podemos disfrutar de dos historias con la misma base pero distintas formas. Me encanta su humor negro –Pam: "Quizá vista con exceso de rosa, pero recuerda que puedo destrozarte la garganta"–. Ah, y que siga siendo tan gamberra. Por dios, tomad nota de la aparición de Eric y cómo dice ese "Sookie"... Y es que, si no fuera tan gamberra, no sería "True Blood".
Y ahora a esperar otra semana.

jueves, 10 de junio de 2010

Esto son cuatro días...


...la vida misma y lo que me falta para ver el estreno de la tercera temporada de "True Blood". Y tengo síntomas claros de dependencia al "V", como si fuera un jodido drenador de Bom Temps o en Sheverport, a la espera de atracar el "Fangtasia" (¿alguien quiere no ir a ese bar?). Y no es el caso. El caso es que no se me va de la cabeza. Hoy iba a escribir sobre "Lo que el viento se llevó", una de mis asignaturas pendientes en este blog –la veo todos los años, sola, una tarde entera llorando. Una catarsis. Y me encanta–, pero no puedo. La cabeza se me va. Y para más inri, anoche, leyendo el cuarto libro de "True Blood" (son malos pero muy divertidos), supe que el vampiro Eric había estado en el rodaje de "Lo que el viento se llevó", y me parto. Al igual que me parto cuando se queda viendo a "Buffy, cazavampiros" o cuando Sookie cuenta lo que se le pasa por la cabeza –y por todo el cuerpo– cada vez que ve al rubio. Total, que los libros son malos, pero dan felicidad, como las palmeras de chocolate –más o menos–.
Y si bien es cierto que la serie no se ciñe demasiado a los libros, coge lo fundamental y lo enriquece: convierte un mundo fantástico, que sitúa en una localidad sureña (calor, música, cerveza, sudor, bares de carretera), en el escenario perfecto para hablar sobre la exclusión, los prejuicios y, en general, las bajezas humanas. Esto, bien aderezado con gente guapa, guiones con chispa y una banda sonora que quita el hipo –y sexo, claro, mucho sexo– dan como resultado afirmaciones de este tipo:
Mi hermana: "Nunca una serie me había generado tanta ansiedad".
Yo: "¿Ni "Perdidos", ni la séptima de "The Shield", ni "Mad Men"...?
Ella: No, no, ninguna. Las habrá mejores, pero ninguna que me apetezca más.
Y pienso: mira como las palmeras de chocolate; hay cosas mejores, pero ninguna que me apetezca más. De hecho, esta noche he soñado que me comía una –de las doraditas, finas y crujientes, con ese chocolate que se deshace– y ha sido un sueño muy feliz, sólo comparable al día que soñé que salía con Paul Newman cuando él tenía 44-45, el de "El premio" y esas pelis... ¡Qué pasada!
Por cierto, Moltisanti ha recopilado en su blog los vídeos promocionales y los posters de la tercera de "True Blood" y en "facebook" los grupos probill y proeric están que echan chispas.
A lo que vamos, a falta de cuatro días y siete horas, a poquito que Allan Ball se ciña a la historia del libro, vamos a temblar, porque ahora mismo, por lo que estoy leyendo, mejor no os cuento dónde anda Bill y qué hacen Eric y Sookie, porque os machaco a spóilers. Ah, y, a día de hoy, tomo partido: soy de Eric. Quizá mañana sea de Bill. Pero hoy soy de Eric, y hasta he cambiado mi foto del facebook y me he puesto a Eric con la boca chorreando sangre, el muy vampiro.
¿Que por qué hoy soy de Eric sin dudas?
A este vídeo –spóilers de la segunda– me remito. Me sobran las palabras. Mirad cómo mira, cómo la salva, qué valiente es, cómo habla (insisto, no hay que ver esta serie doblada), cómo sonríe... En fin. Pero claro, una piensa en Bill, tan mono... Bueno, sobre Bill ya pensaré mañana. Hoy somos de Eric y mañana será otro día (menos).

lunes, 7 de junio de 2010

Tonterías vampíricas


A falta de siete días para la esperadísima tercera temporada de "True Blood" (nada mejor para combatir los calores veraniegos que la sangre fresca), me animé a ver el capítulo piloto de "Crónicas Vampíricas (The vampire diaries)". Y vaya mierda. Ni os molestéis. Ya, sabía que iba a ver un producto para adolescentes, me puse en modo "quinceañera" (es decir, vamos a ver una simpleza llena de tíos buenos con una chiquita bellísima pero doliente, una incomprendida, en plan "Crepúsculo"), pero ni por ésas.
La serie es un disparate y no hay por dónde cogerla.
Sí, hay niña mona (a mí no me gusta, es vulgarona), triste por la pérdida de los padres, lista y responsable, con hermano problemático. Y aparece el chavalito misterioso, que se prenda de ella, y que además de vampiro jamás muerde a humanos porque él es así, un tío majo, como Edward Cullen (Bill Compton lo intenta, pero le tiran las femorales femeninas que da gloria). Pero este vampirillo no tiene gancho. Es soso. No tiene interés. No da morbo. Los misterios que encierra bien poco importan (por las fotos que mira, se deduce que lleva viviendo unos 170 años y que en 1864 se enamoró de una antepasada de la prota que es clavadita a ella).
Y llega el malo (Boone, de "Perdidos"), que es un vampiro que no se corta un pelo y muerde y mata. Convencida estoy de que intentará también seducir a la muchacha y que incluso lo conseguirá.
Y poco más hay, un ambiente de instituto que podría ser el de cualquier otra serie americana, tonterías varias e, imagino, que hasta equipo de rugby y animadoras.
En fin, que no la veáis, o sí.
Y si esto fuera poco, me desayuno con la noticia de que llega a Antena 3 "No soy como tú", una serie española con el cursi Nicolás Coronado de prota vampírico y lánguido y que, desde luego, me resulta muy poco apetecible. Otro producto para adolescentes, pero para adolescentes poco exigentes, me aventuro a decir.
Menos mal que llega la brutal "True Blood", que, por cierto, a poquito que se ciña al tercer libro, nos va a hacer gozar, y sufrir. Bill, eres un pasmao. Me da –ojo, posible spóiler, sólo posible– que Eric te va a levantar a la novia.
Vivir para ver.

jueves, 27 de mayo de 2010

De Roma a Bon Temps


De todas las series posibles, las hay malas, regulares, buenas, muy buenas, superlativas y adictivas.
De las malas paso. De las regulares, también. De las buenas, tipo "CSI", "House"... bueno, veo algún capítulo, pero como ando tan jodida de tiempo y tengo más cosas que hacer, me voy directamente a las muy buenas, superlativas y adictivas.
No hace falta nombrarlas todas: "The Wire", "Mad Men", "Los Soprano", "Perdidos", "Roma"... Pero sí tengo que decir que a veces que hay entre todas ellas dos o tres que me quitan el sueño, y es literal. No sólo porque me acueste más tarde de lo debido porque no puedo dejar de verlas, también porque me paso medio día pensando en ellas.
De todas, todas, todas, y eso incluye series que me encantan, como "Mad Men" y "Los Soprano", hay dos, que, quizá sin tener esa inconmesurable calidad, me han generado verdaderos problemas de ansiedad: "Roma" y "True Blood".
Con "Prison Break" a veces me pasa –estoy viendo la primera–, pero creo que no es comparable.
Con "Roma" creí que iba a fallecer. A mi ya afición por los romanos, los latines y todo lo que sugiera Antigua Roma se une el desparrame de calidad de la HBO. Y, aunque tengo algunos reproches que hacerle a esta serie, sobre todo por el modo en que trató la figura de Marco Antonio, es, probablemente, la serie que más me ha gustado jamás (dios, perdóname por decir esto. Tú también, Tony Soprano. Y perdonadme, McNulty, Don Drapper, Chris Stevens, Seth Bullock, Bill Compton...). Además, es una de las que saben a poco –sólo dos temporadas–: series largas, como "Mujeres desesperadas", acaban abandonadas por repetitivas y por carecer, a mitad de la sexta temporada, de interés (en esa temporada las tramas ya son que mi niño no me come y el mío no me aprueba, y yo paso).
Claro, lo que acabo de decir de "Roma" se me viene un poco abajo cuando pienso que llevo un mes contando –y es verdad– los días para que se estrene la tercera de "True Blood", y eso de tachar los días en el calendario sólo me ha pasado con otra: "Lost".
¿Que por qué esta serie de Alan Ball me gusta tanto, aun cuando está siendo acusada por muchos de ser un producto menor? Pues no sabría decir, o sí: es ingeniosa, rápida, canalla, amoral, divertida, irreverente, impactante, atípica, poco convencional, sangrienta, sensorial, pecaminosa, original... y tiene un humor negro que me encanta.
Por ejemplo, la escena en la que Bill va a comprar ropita para la adolescente que le ha tocado en suerte transformar en vampiresa (odio que en los subtítulos y los propios libros de "True Blood" digan vampira y no vampiresa, soy una clásica, chicos) y la dependienta intenta seducirlo. Y ahí aparece Eric, Bill le piropea el "look" y la dependienta piensa que son gays. Pero eso no es lo mejor, lo mejor es que Eric lleva ese corte de pelo porque su preciosa melena rubia se estropeó mientras se comía a un tío que tenía como esclavo en el sótano del "Fangtasia"... ¿Es o no es salvaje?
De esta escena hay tres o cuatro cosas (pinchad aquí para verla, no se puede insertar), además, que me encantan: el modo en que Bill dice "Jessica", la voz que pone cuando dice "I'm a vampire" (jamás la veáis, doblada, por favor) y la sonrisa de Eric cuando la dependienta se va espantada (le encanta tomarles el pelo a los humanos).
Ah, y la cara de pringado que se le queda a Bill al final. Donde se demuestra la supremacía del vampiro vikingo sobre el vampiro sureño. Ay, cómo mola. Venga, sólo quedan 17 días. Exactos. Y, además, de regalo, una promo de la tercera.

lunes, 24 de mayo de 2010

Quince días y la nueva de "True Blood"


Hoy es el día de hablar del final de Lost, pero no seré yo, porque, me confieso, no lo he visto. Lo veré luego. Espero.
Así que no me queda más remedio que hablar de estas fotos-capturas de pantalla que acabo de ver. Y aún estoy que no me lo creo, o sí. No sé bien.
Cierto es que dejé la segunda temporada de "True Blood" –¡ojo!, spóilers si no habéis llegado al final de la segunda– con Sookie y Bill más felices que regalices, enamorados, y con petición de casamiento de por medio –sí, ya, y con Bill secuestrado ¿?–. Pero el tercero en discordia, mi querido Eric, no parece dispuesto a dejar que la parejita feliz desarrolle con soltura su cursilería. Después de haber conseguido que la tontaina de Sookie (que no se merece lo que tiene) bebiera su sangre, la rubita anda confundida con la atracción que despierta en ella el vampiro-vikingo... Qué cosas, si tiene a Bill, tan mono, tan bueno, tan guapo... y aún sigue dándole vueltas a la idea de acostarse con el vampiro Eric. Bueno, a lo que vamos, por ahí circula el tráiler de la tercera temporada y, como los de la HBO son tan listos, no dice casi nada, pero me temo que Eric ganará peso, más aún que en la segunda, que ya tenía bastante.
Tanto, que supongo que habrá algo más que palabras con la novia de Bill (que seguirá desaparecido, si no, no se entiende, la verdad). Imagino que Sookie estará hundida por la ausencia de su novio vampiro y recurrirá al vampiro poderoso –Eric–, quien no desaprovechará la oportunidad de tenerla desvalida, tristona, depre, necesitada de un hombro en el que llorar... y sin novio. Si a esto le sumamos el vicio que ha pillado la Sookie y el cuerpazo del vikingo, aquí hay tema. Y el pobre Bill, además de cornudo, apaleado y vampiro. No se puede pedir más.
Aunque claro, nunca se sabe, igual esto sólo es una ensoñación calenturienta de la jovencita paletilla sureña. Sinceramente, espero que no. Cuanto más tensión haya en esta serie, mucho mejor. Somos muchos los que estamos esperando la tercera temporada como lluvia de mayo o sangre de junio. Espero que los guionistas no se anden con chorradas y sigan agresivos, gamberros y un poquito cafres. Queremos ver True Blood, no Buffy cazavampiros.
¿Estamos, querido Allan Ball?

lunes, 3 de mayo de 2010

Sangre, sudor y lágrimas



Y que Churchill me perdone.
Porque no voy a hablar de otra cosa que no sean series –ay, que os tengo abandonadas, bonitas mías–.
Jartita terminé de devorar "Mujeres desesperadas" y, a mitad de la sexta, abandoné. Ya había visto todo lo que me interesaba de esa serie –pricipalmente su estructura narrativa–. Y, una vez agotadas novedades, gracias y penas, las tramas me aburren. Es decir, no estoy dispuesta a pasar 50 minutos de mi vida viendo cómo la histérica Susan y la neurótica Gabrielle Solís pelean por los deberes de sus hijos. Me interesa cero. Además, las tramas de niños casi siempre me dan grima.
También me agotó "Californication". La historia del escritor maldito y putero agota por repetición. Abandoné a mitad de la tercera. Dejó de interesarme. Bueno, como ésta dura poco, sólo 26 minutos, quizá acabe de verla. Aunque, dicho sea de paso, la serie tiene su punto: entretiene, es ágil y, a veces, divertida. Aunque una acaba cansada de tanto sexo, droga y rock and roll en la pantalla. Sobre todo porque ya hemos visto mucho y es siempre lo mismo.
He vuelto al buen camino y me he cogido una serie de las que sé que me van a gustar y que antes no había visto por... ¿por qué? Porque no me la había comprado y no quería verla online, supongo: "Prison Break". ¿Y? Pues que me gusta. Los capítulos se pasan volando, es tensa e impactante. Y dolorosa, pero esperanzadora. Me va a gustar.
Por ahí las novedades: ya me extenderé con los hermanitos.

Pero la nostalgia me invade y voy a confesarme: me encanta "True Blood", ya sabéis. Pero he caído en la tentación de leerme los libros. Qué mal escritos están, pero cómo entretienen, dios mío. El pelotazo: tener la idea revolucionaria y no enredarse con explicaciones. Es decir, los vampiros salen de los ataúdes porque los japoneses inventan la sangre sintética para ellos. ¿Que por qué les da por ahí a los japoneses? ¿Y qué más da? El caso es que ahí está la cosa. Así que ayer, que terminé el primer libro, me permití ver otra vez unos capitulitos de "True Blood". Y dios qué buena es. Ahora ya, viendo las cosas con más objetividad, sin el apasionamiento de la primera vez, si me voy más a las formas y menos a los contenidos, creo que la serie no puede estar mejor hecha: qué luz, qué imágenes, qué bonita... Y me encanta cómo empieza "in media res", con cierta violencia –la que luego va destilando–, para luego colocar la historia de amor como punto de partida y los asesinatos como punto de giro. Pero no seamos ingenuos, la historia de amor es sólo la excusa para hablar de un tema mayor: la exclusión.
Sangre –nunca había resultado tan sugerente–, sudor –no apta para menores de 18, me temo– y lágrimas (lo siento, cada vez que matan a la pobre abuela se me saltan unos lagrimones como el puño) para indagar en uno de los grandes problemas de la humanidad.
Ah, y diversión, mucha diversión. ¿Nos vamos una noche al Fangtasia? Si Eric está esperando, sí. Y si Bill pasa a tomar algo, ni te cuento.

miércoles, 21 de abril de 2010

Para tus sentidos

Sé que mi sobrinilla adolescente, que es una de mis personas favoritas en el mundo mundial, universal y etc... (con todos los mundos posibles, incluyendo las realidades paralelas de "Lost"), anda pirrada con "True Blood" y que está devorando la primera temporada a escondidas de papá y mamá (que lo saben, nena, pero te dejan).
También sé que le costará decidirse entre Bill y Eric, como cualquier mujer heterosexual que se precie, y que se lo está pasando como una niña (que ya no lo es), con esta gamberrada vampírica.
Para ti, nena, va este vídeo –aun a riesgo de que me quiten la custodia como tía, con una canción de un grupo que también tiene lo suyo, pero que es más de mi época que de la tuya, Depeche Mode.
Al verlo, entenderás que te comprendo: te doblo la edad, pero mi cabeza no está mucho más ordenada que la tuya para según qué cosas, bueno, para casi todo.
¡Maldita Sookie!

martes, 20 de abril de 2010

La tercera de True Blood



No veo el día. Falta un mes para ver la tercera de "True Blood" y, además de fotos, todas sin sustancia, sólo de personajes, sin nada que deje "entrever" la acción –Alan Ball es demasiado listo, no llenaría las fotos promocionales de spóilers–, se ha colado por la Red este vídeo, que tampoco dice mucho, pero sirve para calentar mentes y motores.
No sé a vosotros, pero ahora mismo, a mí, más que Sookie y el propio Bill, a mi pesar, me interesa Eric, y creo que él es el que va a traer el jugo –y la sangre– esta temporada.
Mientras llega –por dios, qué agonía, sólo tenemos este vídeo. Y en él, Eric aparece muy poco: pero lo suficiente para ponernos los dientes largos.
Deseandito estoy de ver las andanzas del vampiro vikingo.

miércoles, 20 de enero de 2010

True Blood, más sexo


Desde la gala de los Globos de Oro se han colgado en mogollón de blogs spóilers sobre la tercera temporada de "True Blood". De todo lo que se ha dicho, que no se ha dicho casi nada, salvo los nombres de los nuevos fichajes y poco más, lo que más me ha llamado la atención es que Sam y Bill van a vivir una conexión erótica. A ver, ¿recordáis (ojo, voy a colar spóilers de la segunda) que Bill le dio sangre a Sam para que se curase?

Pues ahora, Sam va a tener esas ensoñaciones sexuales con el vampiro (como las tiene buena parte del público de la serie, sin necesidad de haber probado su V), como las que tuvo Sookie con el buenorro de Eric a raíz de probar su sangre en la escena inolvidable en la que él finge estar muriendo si ella no extrae con su boca el metal que él tiene incrustrado en el pecho. Ésa es una de las escenas que más me han hecho reír de esta serie. ¡Qué cabrón! (perdón por el mal lenguaje, pero es que no me sale otra cosa.
Bueno, al tema, que Sam va a fliparlo con Bill. ¿Nos lo creemos?

viernes, 4 de diciembre de 2009

¿Antena 3 hace una de vampiros?

No salgo de mi asombro. Leo la noticia y me echo a temblar. Vale, no tengo fe en la ficción española, ¿y qué? Pero es que los antecedentes hablan por sí solos. No hay ni una serie española, ni una, que despierte en mí ningún interés. Las que arrasan (en plan "La Señora") son tontas y burdas. Con personajes planitos, sin conflicto, ni crecen ni disminuyen. Con villanos de poco peso y galanes con menos carisma que un pan sin sal. No hablemos de ellas, por dios, que tienen la misma cara para sonreír que en el entierro de su padre. Alucinante. Ahora, Antena 3 se apunta a la moda vampírica y dice que hará una serie de vampiros con historia de amor y esas cosas. Es decir, algo que ha sido mil veces contado, y muy bien contado. No sé muy bien cómo piensan innovar (no confío en el elenco, ya imagino a Miguel Ángel Silvestre –sin recursos ni registros– mordisqueando a la insulsa Amaya Salamanca –con su eterna mueca–), ya pueden inventarse algún vampiro cachondón y moverlo por un mundo con personajes de interés. Tienen buenos referentes, sobre todo en "True Blood", pero no conseguirán más que –al igual que con Doctor Mateo (Doctor en Alaska), Hospital Central (Urgencias)– una vulgar copia. Me apuesto la yugular, sobre todo si andan por ahí sueltos Bill o Eric: