El blog de Luisa Tomás

El blog de Luisa Tomás
Mostrando entradas con la etiqueta eric. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta eric. Mostrar todas las entradas

jueves, 30 de septiembre de 2010

Batiburrillo temático


No voy a decir que el tiempo pasa, que es una obviedad, además de un lugar común. Tempus fugit (Virgilio dixit); y si lo dice Virgilio y las marcas relojeras lo estampan... no voy a decir yo lo contrario, pero tampoco lo mismo. Si atendemos a las concepciones científicas del último siglo, debemos tener en cuenta que hay teorías físicas que consideran que el tiempo lineal no existe. Pero remontándonos aún más en los siglos, podemos también considerar que "el tiempo no existe sin el cambio", según el mismísimo Aristóteles. Sea como fuere, llevo ya diez días sin una mala entrada que echarle a la boca a este pobre blog. Así que, de entre todas las teorías (no me sé casi ninguna) y leyes, voy a volver a los clásicos, como siempre, y me quedo con el maestro de la poética y su idea de que el tiempo no existe sin el cambio, por lo que el tiempo no pasa por mi blog. Je, je. Esto es lo que se llama manipular para llegar donde quiero ir.

Al tema. No escribo por falta de tiempo y exceso de pereza porque, en realidad, tengo muchos temas en el tintero. Enumero algunos, me enredo en un par de ellos y los próximos los raciono. Creo que con esto me llega pa un par de meses. Asuntos pendientes:

Series. La tercera de "Mad Men". Maravillosa. Para ésa me reservo un post entero. Y para mi Don Drapper, otro, claro. Estoy viendo la tercera de "Prison Break", y tengo mucho que decir al respecto, y no todo bueno. Aunque sigo queriendo a Michael –no hay que olvidar que está en condiciones infrahumanas en una prisión panameña por salvar a su hermano (los vínculos más fuertes nacen de la consanguinidad, los demás son rompibles y reemplazables, no hay más que ver que una puede divorciarse 25 veces y amar a tus 26 maridos por igual, pero no puedes elegir entre tus hermanos, ni querer a uno más que al otro, ni cambiarlos, ni serles desleal, ni olvidarlos ni dejar de amarlos jamás; y si lo haces... pobre de tu conciencia, si para entonces te queda)–. También quiero hablar de "Treme" y su bajonazo. De la tercera de "Sons of Anarchy" y de mi Jax Teller... Y ya van no sé cuántos post. Y recuperar a Cicely, ahora que llegan los días cortos, las noches largas, el sol de otoño.

Cine. Tengo pendiente de comentar tres pelis que me han fascinado: "El escritor", "La vida privada de Pippa Lee" y "Philip Morris, ¡te quiero!". Una que ni mucho ni poco ni todo lo contrario: "Madres e hijas". Y otra horrorosa: "Todo lo que tú quieras", mala entre las malas, española como ella sola en el sentido más amplio con el que esa palabra puede calificar a un tipo de cine que pretende ser intimista y no pasa de coñazo y lacrimógeno. Absurda. Lo único que me gustó fue recordar que Juan Diego Botto tiene mis respetos como actor y que la banda sonora es de Leiva (Pereza), y no está mal. Aunque no nos engañemos, la banda sonora es decentita, no espectacular: no es la de "La guerra de las galaxias", ni la de "Memorias de África" o "Lo que el viento se llevó" o "El señor de los Anillos" o la de la primera peli de "Piratas del Caribe", que es absolutamente espectacular, muy por encima de la peli.

Relatos. Algún email reclama alguno. Ya lo pondré, como entrada gansona de fin de semana hiperfestivo y resacoso.

Héroes. Tengo en mente hacer un repaso a todos los de las series, de uno en uno. A uno por post. Empezando por el bueno de Michael. O quizá por mi querido Lem de "The Shield". O Jack, de "Perdidos", imposible de olvidar. Todo llegará.

Vampiros. No se me van de la cabeza. Cada vez me gusta más la banda sonora de "Crepúsculo" (aunque no deje de reconocer que esta saga es una chorrada adolescente, pero tiene mi admiración como producto con todas las claves del éxito). Y cada día que pasa me gusta más "True Blood". La echo de menos y adoro su banda sonora, lástima que estuviera tan cara el otro día en Media Mark, luego dicen que descargamos... Hay que joerse. Y luego, no deja de sorprenderme (gratamente) que haya un montón (bueno, mucha, no hay que exagerar, nunca tuve un montón de lectores) de gente que entra desde distintos puntos de Hispanoamérica (también de España, pero más del otro lado del charco) para leer una entrada escrita el 26 de noviembre. Ésta. Y eso me encanta. Pero no entiendo por qué ahora y por qué ésta. Misterios sin resolver. Quizá sea por el vídeo de Eric que hay en ella, que es espectacular (aunque mi favorito sigue siendo éste). Y para no enredarme más, me despido con otro de mi vampirillo (ay, cómo lo echo de menos, y hasta junio no hay cuarta temporada). Es el "minisode" promocional de la tecera. Una sinvergüencería cargada de sentido del humor con un gigantesco Eric ataviado con un chándal de Adidas. Jamás prenda tan vulgar sentó tan bien a nadie (Iker, perdóname).

jueves, 26 de agosto de 2010

Una de besos


"Culpo a Iker Casillas de mis altas expectativas en cuanto a besos inesperados". Ése era el grupo de facebook, y tardé en darle al "unirme" cero coma nanosegundos. Y es que ese chico le ha hecho mucho bien a nuestra vida afectiva y sexual, así, en general, además de a la selección española, a su sagrado equipo y al fútbol en general. Aplastados por este ataque insoportable de corrección, habíamos sucumbido a la tentación del qué dirán y nos habíamos guardado los besos, si los había, para el ámbito privado, que no está mal, y es ahí donde deben expandirse. Pero no me digáis que no tiene gracia un beso así, de sopetón. Pues fue darlo Iker Casillas a la envidiada y hermosísima Sara Carbonero y empezar a extenderse esta epidemia como la peste. Y todos tan contentos. "Total, si lo hace un campeón del mundo, por qué no voy a hacerlo yo", dicen ellos, tan hombretones, abrazados a su cerveza. Desde entonces hasta ahora, no voy a decir que mi cuenta de besos haya crecido desorbitadamente, pero sí que me he llevado alguno así, casi sin venir a cuento, para mayor sorpresa de mi asustadizo corazón y para mayor regocijo de los espectadores del momento.
Tampoco es cuestión de ponerse a explicarlos, pero el que más gracia me ha hecho de todos fue uno que nació de una conversación pedante a las seis de la mañana. Yo trataba de convencer a un amigo de mis aptitudes como profesora de latín. "Si quieres aprender latín, dímelo". Y juro que el sentido era literal y único, jamás figurado o doble. Seguí con mi charla -a los dos nos gusta Roma, los romanos y nos pone mucho el rollo de Julio César- y le expliqué en dos minutos, mientras un montón de gente a nuestro alrededor bailaba salsa en el único garito que quedaba abierto, los participios presentes y pasivos usando el verbo modelo amo, amas, amare, amaui, amatum.
No había llegado al acusativo plural de amatus, amata, amatum cuando mi improvisado alumno me lanzó un semimordisco al cuello.
"Te has pasado -dije airada-. Si fuera tu profesora de latín te suspendería".
"Si fueras mi profesora de latín, el latín dejaría de ser una lengua muerta", espetó él, todo vulgar.
No hay manera. Así jamás aprenderás a declinar, chaval.
Cambiemos de tercio y vayamos a los besos de otros, que también están dando que hablar. Uno de los mejores besos del verano (el de Iker y Sara no cuenta, ése será el mejor del año, de la década y quizá del siglo, quién sabe) ha sido el de Sookie y Eric. ¡Por fin! Ha habido que esperar hasta el capítulo diez de la tercera temporada... Pero, ¿era inesperado? Sí, Sookie acababa de reconciliarse con Bill... pero la pobre, aunque lo disimule, llevaba dos temporadas esperando este momentazo.
Primero en el minuto 34, ella, de nuevo, sueña con él. Me encanta. Ella dice algo así como "sé que esto es un sueño" y él dice "deberías disfrutarlo entonces". Qué bueno es el jodido vikingo. Pero luego viene la realidad, y es, para mí, uno de los momentazos de la serie: "Hay fuerzas más allá de mi control. Si llegase a morir sin ni siquiera haberte besado, Sookie Stackhouse, sería algo de lo que me arrepentiría", dice él con una mirada que quita el hipo. "¿Por qué esto suena como si estuvieses despidiéndote de mí?", pregunta, ingenua Sookie. "Porque lo estoy haciendo". Y hala, ancha es Castilla para Sookie y Eric. Pobre Bill, no sé cómo llevarán los cuernos los vampiros. Ya veremos en breve. Faltan cuatro días para el siguiente capítulo.
Que por qué este ataque de ternura, de repente, en el blog. Yo qué sé. No hay que buscar explicación a todo. Si lo hiciésemos, la mayoría de los besos no tendrían sentido. Y no podemos permitirnos ese lujo.

lunes, 9 de agosto de 2010

Tres puntos de la tercera


Van ya un buen puñado de capítulos de la tercera de "True Blood" y mi felicidad empieza a crecer. Eso sí, esperaba que fuera aún mayor. Así que, en cierta medida, estoy algo decepcionada. Creo que la serie ha perdido algo de fuelle. Nada que ver con la brutal primera temporada, que es absolutamente genial: lo más divertido y canalla que uno puede echarse a la cara. La segunda fue estupenda, aunque la sobreexplotación de la trama "ménade" acabó saturando a los seguidores más ávidos de vampirismo. En esta tercera temporada, la sobreexplotación va por el lado de los seres sobrenaturales, y tanto es así, que aquí, salvo Arlene, la camarera pelirroja, no hay ni dios normal. Bueno, el pobre Jason, que sigue igual de tonto y continúa siendo uno de los contrapuntos divertidos al tono dramático que a veces tiñe la serie -sangre, crímenes, dolor-. Pero, con todo y con eso, "True Blood" me sigue pareciendo un gran hallazgo. A pesar de incurrir a veces, como apunta bien siempre Moltisanti, para mí, el que más sabe de series en la piel de toro, en un bizarrismo brutal, tiene unos chispazos de lo más inteligente.
Vampirismo aparte, sexo aparte, estética aparte y todos los apartes que uno quiera hacer, hay dos cosas de esta temporada que me están volviendo loca. Bueno, tres.
La primera, algunas frases sueltas que te dejan un no sé qué en el cuerpo. Destaquemos dos o tres. Una, la que el propio Moltisanti destaca en su último "Se lo que dijisteis...", y que es ésta: "Ese pequeño loco pretencioso de Adolf tenía razón en una cosa. Hay una raza dominante, sólo que no es la raza humana". ¿Es buena o no? Pues sí, mucho. Te quedas tiritando. Otra, Eric anda coqueteando con un vampiro, el marido del rey de Mississippi, exactamente, viendo unos grabados japoneses sobre sexo vampírico del siglo XVI. Hablan de sexo y suelta: "Vamos, Eric, tú y yo sabemos que no hay nada nuevo, sólo alguien nuevo". Revelador. No diré nada al respecto. Otra, que es escandalosamente emocionante, es cuando Eric, al ver llorar a Sookie, le suelta eso de "me haces sentir inconfortablemente humano". Dios. ¡Ese vampirazo rubio, tan duro, diciendo eso!
Y así, podríamos seguir hasta el infinito. Porque cada capítulo deja tres, cuatro perlas de este estilo.
El segundo punto que me está volviendo loca esta temporada es la banda sonora. Por dios, no quitéis la música de los créditos finales y afinad el oído en algunas escenas, como en el Merlotte. Y pillaréis maravillas como ésta, que es una verdadera pasada.
La tercera cosa que quita el hipo de la tercera de "True Blood" tiene nombre propio. Y no necesita presentación, claro. Y aunque este vídeo ya lo he puesto en alguna ocasión, repito ahora: no encuentro mejor forma de empezar la jornada laboral en este aciago lunes de agosto. Gracias, Alan Ball. Nunca te estaré lo suficientemente agradecida por haber creado este monstruo tan absolutamente delicioso.

viernes, 16 de julio de 2010

Paréntesis


Hoy... podría escribir sobre la tercera de "Crepúsculo", que ya la he visto. Y decir que nunca he visto vampiros más light y menos sangrientos, pero que no me sorprende que las adolescentes de medio mundo –y las no tan adolescentes– se vuelvan locas con Edward: es perfecto. ¡Pero si es hasta vampiro! Porque si no fuera vampiro, sería demasiado simple: ama sin restricciones, está como un queso, es buen tío, culto, educado...¡Qué coñazo! Ah, amigas, pero es vampiro. Eso cambia la cosa: no, la mejora. Edward es perfecto. Y la peli no tiene mucho más: sigue sin sangre y sin sexo. Y eso, en una de vampiros, es una aberración. Algo así como si en una del Oeste no hay tiros. Pero la peli está entretenida, es la mejor de las tres, sin duda. Y el fenónemo, además, continúa imparable. Alguien se está forrando por ahí por haber puesto los ingredientes justos en un cóctel que, sin ser el mejor, a todo el mundo puede gustarle. Qué acierto.
También podría hablar del cuarto de la tercera de "True Blood", que ya va aclimatándose, ¡y cómo! Esto sí que son vampirazos. Y cómo mola Eric. La trama ha ido subiendo la temperatura con un juego político entre los reyes de Mississippi y Lousiana con tráfico de V incluido: es decir, el poder trapicheando. ¿Os suena? Pues pasa todos los días. Al cacao político se suman los asuntos amorosos con un Bill cada día menos apetecible y un Eric cada día más sublime (me confieso: me he hecho una camiseta del Eric Team, he tomado partido por uno, y me quedo al vikingo rubio).
Y podría hablar de qué "La vie en Rose" es una de mis canciones favoritas y que hoy se la he regalado vía mail a un amigo (no, a dos) pero que no hace mucho la bailé con la única peguita de que no sé bailar y que la versión era la de Edith Piaf, que me encanta, pero la de Louis Armstrong me mola mucho más. Me pone los pelos como escarpias. Qué emocionante y hermosa es.
Y que con éstos y otros sabores, con aquéllas y estas palabras, me dispongo a poner el mare nostrum de por medio y cambiar el paisaje urbano por otro más exótico y apacible. Entre otras cosas, me llevo a Madrid en el corazón. A vosotros también, esquilmados y fieles lectores. Y, sobre todo, el cansancio a cuestas. Pero prometo no traerlo de vuelta. Será sólo una semana, pero me servirá como si fuera un año.
Ciao. Mañana estaré tomando un té ahí mismo, con el Mediterráneo de fondo y el eco de la mezquita llenándolo todo.
Besos a tol mundo. Ya me voy cantando:
...I close my eyes
I see la vie en rose...
When you press me to your heart... la, la, la, la...

miércoles, 30 de junio de 2010

Se llama...



...Joe Manganiello, y está así de bueno.
Éste es el actor que da vida a Alcide Herveaux en la tercera temporada de "True Blood" (y si no has llegado al tercer capítulo de la tercera, que es donde aparece, y no quieres spóilers, no sigas leyendo. O sí. Allá tú con tu conciencia y tus spóilers).
Alcide... ¡qué personaje! En los libros tiene bastante importancia, ayuda y protege a Sookie cuando ésta anda como loca buscando a su adúltero novio. Sí, Bill es un adúltero en los libros, y también en la serie ahora que ha dado rienda suelta a esa atracción fatal que siente por Lorena, su creadora.
Aquí, en la serie, Alcide también viene a ayudar a Sookie, por petición de Eric, con quien su familia tiene una deuda. Se presenta como un tío majo, atormentado por una ex novia –en el libro es igual– y además es un hombre-lobo, que es lo más humano con lo que se relaciona Sookie, por extraño que parezca, ya que a éste le late el corazón, no como a su novio y a su –quizá– ¿próximo amante? No sé, dejémoslo ahí, pero, por la evolución de Eric, que es, sin duda, el mejor personaje de la serie, me da que Sookie no va a poder resistirse a sus encantos rubios y vikingos, sobre todo ahora que Bill anda haciendo el animal –literal– con Lorena y ha traicionado –al menos en apariencia– a la reina de Luisiana.
Al tema, este tercer capítulo de "True Blood" me ha decepcionado un poco, sobre todo porque hay dos temas que me cansan y no evolucionan:
1. La obsesión de Jason con el disparo de Eggs. Estoy harta de sus idas de olla y harta de su obsesión con la frente de la gente, a la que sólo ve con un disparo entre ceja y ceja. Sé que Alan Ball es listo y, aprovechando la renuncia del sheriff, quizá pondrá a Jason como nuevo agente de la ley para descojonarse de los agentes, la ley y sus circunstancias, ya que hay poca gente con menos cerebro que Jason.
2. Me cansa Tara. Y me cansa mucho. Creo que el vampiro con el que ahora se relaciona dará juego, pero, a día de hoy, es un personaje que me aburre.
Confío en que, a medida que se va armando la temporada, el engranaje me haga pasármelo tan bien como lo pasé con la primera y la segunda. Pero tengo un pálpito: la persona-no muerto-vampiro que nos va a hacer pasarlo bien va a ser Eric. Creo que él será el personaje de la tercera. Él y Alcide serán el tándem, pero Alcide es más planito. Un tío bueno, hombre-lobo honesto, con ética y un caballero. Pero Eric, ay Eric. Es la gran promesa.
De hecho, lo mejor de los tres capítulos de la tercera han sido frases de él –cito de memoria–.
Cap. 1: "Sookie". No es lo que dice, sino cómo lo dice, cómo entorna los ojos y el gesto que hace.
Cap. 2: "No hagas eso, me hace sentir patéticamente humano". Se lo dice a la tontorra de Sookie, que parece haber despertado en este animal el hombre que lleva dentro.
Cap. 3: Dice ella: "Iré a buscar a Bill. Él haría lo mismo por mí. Tú no lo entiendes". Él la mira, con ¿ternura?, y suelta: "Sí lo entiendo".
Y el mundo se derrite.
Alcide estará más bueno, pero como Eric no hay ninguno. En cuanto a Bill... su encanto empieza a difuminarse. Esperemos que lo recupere.
Salud y sangre fresca.

martes, 15 de junio de 2010

La 3 de "True Blood". Por fin



Llegó el día, y por fin vi el primer capítulo de la tercera temporada de "True Blood". Y no me decepcionó, y era fácil hacerlo, pues las expectativas eran elevadísimas, pero más elevado es el concepto del espectáculo que tiene Alan Ball, y la HBO en general.
¿Recordáis cómo acabó la segunda?
¿No habéis llegado a ese punto?
Pues si no queréis sobredosis de spóilers, no sigáis leyendo. O sí, lo que queráis.
El capítulo comienza tal como acabó el último de la segunda temporada: han raptado a Bill. Y Sookie, su dulce enamorada, lo busca. Rápidamente, aparece Sam, también buscando, pero... ¿a quién? Parece que a su familia, al menos es lo que se deduce a lo largo del capítulo. Después, dos almas atormentadas por la misma razón: la muerte de Eggs. Cada uno a su manera, la desequilibrada Tara y el básico Jason van a sufrir en esta tercera temporada el desastre que supuso acabar con la Ménade y su corte de seguidores dionisiacos, encabezados por el salidísimo novio de Tara. A lo largo del capítulo, Tara sufre la ausencia de su hombre y parece encontrar falso consuelo en las charlas religiosas de su madre, aunque parece que a la niña le va más el tequila con los tranquilizantes. Y Jason, jodido y con sentimiento de culpa, sufre lo único que no podía sufrir (ya que parece que es lo único que sabe hacer): impotencia.
Más: el humor. Cada diez minutos –matemático– aparece un punto que despierta una sonrisa (no una carcajada, ayer los ánimos del cine estaban subiditos y la peña se partía, cosa que no entiendo). La primera (y la mejor, para mí) de este primer capítulo es ver a Jessica recogiendo sensible el ramo de rosas que Hoyt le ha dejado en la puerta para a continuación arrastrar a un tío con el que va a cenar -literal-. Ya veis, la pobre vampiresita jovenzuela no se controla y, en cuanto puede, se va de caza.
Todo esto está muy bien y son historias –por ahí anda Arlene y Hoyt llorando amor– que rodean a los personajes principales, pero vamos al meollo. ¿Quién se ha llevado a Bill y por qué?
El por qué no queda claro. El quién: unos drenadores. Y ahí entran en juego todas las piezas que se van a mover en la tercera temporada. Porque el rapto de Bill lleva consigo toda una trama de tráfico de "V" en la que parece estar involucrada la misma reina de Louisiana, que implica a su vez a Eric. Y éste ha de deslizarse en un difícil filo de lealtad a su reina (los vampiros están organizados en un sistema de lo más feudal) y de honor (ha de salvar a uno de sus vampiros: Bill pertenece a la zona 5, de la que él es sheriff).
Lo mejor: el final. Bill, malherido, ha conseguido librarse de sus captores y resucita –como en aquel inolvidable capítulo de la primera, en el que sale de la tierra del cementerio, desnudo–, saliendo del suelo, lleno de tierra. Debilitado, ha de nutrirse. Y, para rematar, acaba rodeado de lobos (hombres-lobo, a estas alturas –sobre todo si hemos leído los libros– no esperaremos lobos comunes) a los que advierte: "Me he alimentado". Y se supone que empieza la pelea, pero eso lo veremos la semana que viene.
Cosas que no me han gustado de este primero: sólo una alucinación-sueño que tiene Sam... ¿recordáis que tuvo que beber sangre de Bill al final de la segunda? No digo más. Ah, y que Tara tenga tanto protagonismo. Ese personaje no me seduce.
Cosas que me han gustado: todo. Me sigue encantando la banda sonora, que no haya cambiado la cabecera, los decorados –cada día más la casa de Bill, qué maravilla, con esos cuadros–, los exteriores –tan farragosos, espesos, pantanosos, cálidos–, los guiños a la actualidad (esa portada de Men's Health con Obama al frente), que Eric entre en conflicto (va a ser el personaje de la tercera, lo sé) y, entre otras muchas cosas, que se salte a la torera los libros: así los fans de "True Blood" podemos disfrutar de dos historias con la misma base pero distintas formas. Me encanta su humor negro –Pam: "Quizá vista con exceso de rosa, pero recuerda que puedo destrozarte la garganta"–. Ah, y que siga siendo tan gamberra. Por dios, tomad nota de la aparición de Eric y cómo dice ese "Sookie"... Y es que, si no fuera tan gamberra, no sería "True Blood".
Y ahora a esperar otra semana.

jueves, 10 de junio de 2010

Esto son cuatro días...


...la vida misma y lo que me falta para ver el estreno de la tercera temporada de "True Blood". Y tengo síntomas claros de dependencia al "V", como si fuera un jodido drenador de Bom Temps o en Sheverport, a la espera de atracar el "Fangtasia" (¿alguien quiere no ir a ese bar?). Y no es el caso. El caso es que no se me va de la cabeza. Hoy iba a escribir sobre "Lo que el viento se llevó", una de mis asignaturas pendientes en este blog –la veo todos los años, sola, una tarde entera llorando. Una catarsis. Y me encanta–, pero no puedo. La cabeza se me va. Y para más inri, anoche, leyendo el cuarto libro de "True Blood" (son malos pero muy divertidos), supe que el vampiro Eric había estado en el rodaje de "Lo que el viento se llevó", y me parto. Al igual que me parto cuando se queda viendo a "Buffy, cazavampiros" o cuando Sookie cuenta lo que se le pasa por la cabeza –y por todo el cuerpo– cada vez que ve al rubio. Total, que los libros son malos, pero dan felicidad, como las palmeras de chocolate –más o menos–.
Y si bien es cierto que la serie no se ciñe demasiado a los libros, coge lo fundamental y lo enriquece: convierte un mundo fantástico, que sitúa en una localidad sureña (calor, música, cerveza, sudor, bares de carretera), en el escenario perfecto para hablar sobre la exclusión, los prejuicios y, en general, las bajezas humanas. Esto, bien aderezado con gente guapa, guiones con chispa y una banda sonora que quita el hipo –y sexo, claro, mucho sexo– dan como resultado afirmaciones de este tipo:
Mi hermana: "Nunca una serie me había generado tanta ansiedad".
Yo: "¿Ni "Perdidos", ni la séptima de "The Shield", ni "Mad Men"...?
Ella: No, no, ninguna. Las habrá mejores, pero ninguna que me apetezca más.
Y pienso: mira como las palmeras de chocolate; hay cosas mejores, pero ninguna que me apetezca más. De hecho, esta noche he soñado que me comía una –de las doraditas, finas y crujientes, con ese chocolate que se deshace– y ha sido un sueño muy feliz, sólo comparable al día que soñé que salía con Paul Newman cuando él tenía 44-45, el de "El premio" y esas pelis... ¡Qué pasada!
Por cierto, Moltisanti ha recopilado en su blog los vídeos promocionales y los posters de la tercera de "True Blood" y en "facebook" los grupos probill y proeric están que echan chispas.
A lo que vamos, a falta de cuatro días y siete horas, a poquito que Allan Ball se ciña a la historia del libro, vamos a temblar, porque ahora mismo, por lo que estoy leyendo, mejor no os cuento dónde anda Bill y qué hacen Eric y Sookie, porque os machaco a spóilers. Ah, y, a día de hoy, tomo partido: soy de Eric. Quizá mañana sea de Bill. Pero hoy soy de Eric, y hasta he cambiado mi foto del facebook y me he puesto a Eric con la boca chorreando sangre, el muy vampiro.
¿Que por qué hoy soy de Eric sin dudas?
A este vídeo –spóilers de la segunda– me remito. Me sobran las palabras. Mirad cómo mira, cómo la salva, qué valiente es, cómo habla (insisto, no hay que ver esta serie doblada), cómo sonríe... En fin. Pero claro, una piensa en Bill, tan mono... Bueno, sobre Bill ya pensaré mañana. Hoy somos de Eric y mañana será otro día (menos).

lunes, 7 de junio de 2010

Tonterías vampíricas


A falta de siete días para la esperadísima tercera temporada de "True Blood" (nada mejor para combatir los calores veraniegos que la sangre fresca), me animé a ver el capítulo piloto de "Crónicas Vampíricas (The vampire diaries)". Y vaya mierda. Ni os molestéis. Ya, sabía que iba a ver un producto para adolescentes, me puse en modo "quinceañera" (es decir, vamos a ver una simpleza llena de tíos buenos con una chiquita bellísima pero doliente, una incomprendida, en plan "Crepúsculo"), pero ni por ésas.
La serie es un disparate y no hay por dónde cogerla.
Sí, hay niña mona (a mí no me gusta, es vulgarona), triste por la pérdida de los padres, lista y responsable, con hermano problemático. Y aparece el chavalito misterioso, que se prenda de ella, y que además de vampiro jamás muerde a humanos porque él es así, un tío majo, como Edward Cullen (Bill Compton lo intenta, pero le tiran las femorales femeninas que da gloria). Pero este vampirillo no tiene gancho. Es soso. No tiene interés. No da morbo. Los misterios que encierra bien poco importan (por las fotos que mira, se deduce que lleva viviendo unos 170 años y que en 1864 se enamoró de una antepasada de la prota que es clavadita a ella).
Y llega el malo (Boone, de "Perdidos"), que es un vampiro que no se corta un pelo y muerde y mata. Convencida estoy de que intentará también seducir a la muchacha y que incluso lo conseguirá.
Y poco más hay, un ambiente de instituto que podría ser el de cualquier otra serie americana, tonterías varias e, imagino, que hasta equipo de rugby y animadoras.
En fin, que no la veáis, o sí.
Y si esto fuera poco, me desayuno con la noticia de que llega a Antena 3 "No soy como tú", una serie española con el cursi Nicolás Coronado de prota vampírico y lánguido y que, desde luego, me resulta muy poco apetecible. Otro producto para adolescentes, pero para adolescentes poco exigentes, me aventuro a decir.
Menos mal que llega la brutal "True Blood", que, por cierto, a poquito que se ciña al tercer libro, nos va a hacer gozar, y sufrir. Bill, eres un pasmao. Me da –ojo, posible spóiler, sólo posible– que Eric te va a levantar a la novia.
Vivir para ver.

jueves, 27 de mayo de 2010

De Roma a Bon Temps


De todas las series posibles, las hay malas, regulares, buenas, muy buenas, superlativas y adictivas.
De las malas paso. De las regulares, también. De las buenas, tipo "CSI", "House"... bueno, veo algún capítulo, pero como ando tan jodida de tiempo y tengo más cosas que hacer, me voy directamente a las muy buenas, superlativas y adictivas.
No hace falta nombrarlas todas: "The Wire", "Mad Men", "Los Soprano", "Perdidos", "Roma"... Pero sí tengo que decir que a veces que hay entre todas ellas dos o tres que me quitan el sueño, y es literal. No sólo porque me acueste más tarde de lo debido porque no puedo dejar de verlas, también porque me paso medio día pensando en ellas.
De todas, todas, todas, y eso incluye series que me encantan, como "Mad Men" y "Los Soprano", hay dos, que, quizá sin tener esa inconmesurable calidad, me han generado verdaderos problemas de ansiedad: "Roma" y "True Blood".
Con "Prison Break" a veces me pasa –estoy viendo la primera–, pero creo que no es comparable.
Con "Roma" creí que iba a fallecer. A mi ya afición por los romanos, los latines y todo lo que sugiera Antigua Roma se une el desparrame de calidad de la HBO. Y, aunque tengo algunos reproches que hacerle a esta serie, sobre todo por el modo en que trató la figura de Marco Antonio, es, probablemente, la serie que más me ha gustado jamás (dios, perdóname por decir esto. Tú también, Tony Soprano. Y perdonadme, McNulty, Don Drapper, Chris Stevens, Seth Bullock, Bill Compton...). Además, es una de las que saben a poco –sólo dos temporadas–: series largas, como "Mujeres desesperadas", acaban abandonadas por repetitivas y por carecer, a mitad de la sexta temporada, de interés (en esa temporada las tramas ya son que mi niño no me come y el mío no me aprueba, y yo paso).
Claro, lo que acabo de decir de "Roma" se me viene un poco abajo cuando pienso que llevo un mes contando –y es verdad– los días para que se estrene la tercera de "True Blood", y eso de tachar los días en el calendario sólo me ha pasado con otra: "Lost".
¿Que por qué esta serie de Alan Ball me gusta tanto, aun cuando está siendo acusada por muchos de ser un producto menor? Pues no sabría decir, o sí: es ingeniosa, rápida, canalla, amoral, divertida, irreverente, impactante, atípica, poco convencional, sangrienta, sensorial, pecaminosa, original... y tiene un humor negro que me encanta.
Por ejemplo, la escena en la que Bill va a comprar ropita para la adolescente que le ha tocado en suerte transformar en vampiresa (odio que en los subtítulos y los propios libros de "True Blood" digan vampira y no vampiresa, soy una clásica, chicos) y la dependienta intenta seducirlo. Y ahí aparece Eric, Bill le piropea el "look" y la dependienta piensa que son gays. Pero eso no es lo mejor, lo mejor es que Eric lleva ese corte de pelo porque su preciosa melena rubia se estropeó mientras se comía a un tío que tenía como esclavo en el sótano del "Fangtasia"... ¿Es o no es salvaje?
De esta escena hay tres o cuatro cosas (pinchad aquí para verla, no se puede insertar), además, que me encantan: el modo en que Bill dice "Jessica", la voz que pone cuando dice "I'm a vampire" (jamás la veáis, doblada, por favor) y la sonrisa de Eric cuando la dependienta se va espantada (le encanta tomarles el pelo a los humanos).
Ah, y la cara de pringado que se le queda a Bill al final. Donde se demuestra la supremacía del vampiro vikingo sobre el vampiro sureño. Ay, cómo mola. Venga, sólo quedan 17 días. Exactos. Y, además, de regalo, una promo de la tercera.

lunes, 24 de mayo de 2010

Quince días y la nueva de "True Blood"


Hoy es el día de hablar del final de Lost, pero no seré yo, porque, me confieso, no lo he visto. Lo veré luego. Espero.
Así que no me queda más remedio que hablar de estas fotos-capturas de pantalla que acabo de ver. Y aún estoy que no me lo creo, o sí. No sé bien.
Cierto es que dejé la segunda temporada de "True Blood" –¡ojo!, spóilers si no habéis llegado al final de la segunda– con Sookie y Bill más felices que regalices, enamorados, y con petición de casamiento de por medio –sí, ya, y con Bill secuestrado ¿?–. Pero el tercero en discordia, mi querido Eric, no parece dispuesto a dejar que la parejita feliz desarrolle con soltura su cursilería. Después de haber conseguido que la tontaina de Sookie (que no se merece lo que tiene) bebiera su sangre, la rubita anda confundida con la atracción que despierta en ella el vampiro-vikingo... Qué cosas, si tiene a Bill, tan mono, tan bueno, tan guapo... y aún sigue dándole vueltas a la idea de acostarse con el vampiro Eric. Bueno, a lo que vamos, por ahí circula el tráiler de la tercera temporada y, como los de la HBO son tan listos, no dice casi nada, pero me temo que Eric ganará peso, más aún que en la segunda, que ya tenía bastante.
Tanto, que supongo que habrá algo más que palabras con la novia de Bill (que seguirá desaparecido, si no, no se entiende, la verdad). Imagino que Sookie estará hundida por la ausencia de su novio vampiro y recurrirá al vampiro poderoso –Eric–, quien no desaprovechará la oportunidad de tenerla desvalida, tristona, depre, necesitada de un hombro en el que llorar... y sin novio. Si a esto le sumamos el vicio que ha pillado la Sookie y el cuerpazo del vikingo, aquí hay tema. Y el pobre Bill, además de cornudo, apaleado y vampiro. No se puede pedir más.
Aunque claro, nunca se sabe, igual esto sólo es una ensoñación calenturienta de la jovencita paletilla sureña. Sinceramente, espero que no. Cuanto más tensión haya en esta serie, mucho mejor. Somos muchos los que estamos esperando la tercera temporada como lluvia de mayo o sangre de junio. Espero que los guionistas no se anden con chorradas y sigan agresivos, gamberros y un poquito cafres. Queremos ver True Blood, no Buffy cazavampiros.
¿Estamos, querido Allan Ball?

lunes, 3 de mayo de 2010

Sangre, sudor y lágrimas



Y que Churchill me perdone.
Porque no voy a hablar de otra cosa que no sean series –ay, que os tengo abandonadas, bonitas mías–.
Jartita terminé de devorar "Mujeres desesperadas" y, a mitad de la sexta, abandoné. Ya había visto todo lo que me interesaba de esa serie –pricipalmente su estructura narrativa–. Y, una vez agotadas novedades, gracias y penas, las tramas me aburren. Es decir, no estoy dispuesta a pasar 50 minutos de mi vida viendo cómo la histérica Susan y la neurótica Gabrielle Solís pelean por los deberes de sus hijos. Me interesa cero. Además, las tramas de niños casi siempre me dan grima.
También me agotó "Californication". La historia del escritor maldito y putero agota por repetición. Abandoné a mitad de la tercera. Dejó de interesarme. Bueno, como ésta dura poco, sólo 26 minutos, quizá acabe de verla. Aunque, dicho sea de paso, la serie tiene su punto: entretiene, es ágil y, a veces, divertida. Aunque una acaba cansada de tanto sexo, droga y rock and roll en la pantalla. Sobre todo porque ya hemos visto mucho y es siempre lo mismo.
He vuelto al buen camino y me he cogido una serie de las que sé que me van a gustar y que antes no había visto por... ¿por qué? Porque no me la había comprado y no quería verla online, supongo: "Prison Break". ¿Y? Pues que me gusta. Los capítulos se pasan volando, es tensa e impactante. Y dolorosa, pero esperanzadora. Me va a gustar.
Por ahí las novedades: ya me extenderé con los hermanitos.

Pero la nostalgia me invade y voy a confesarme: me encanta "True Blood", ya sabéis. Pero he caído en la tentación de leerme los libros. Qué mal escritos están, pero cómo entretienen, dios mío. El pelotazo: tener la idea revolucionaria y no enredarse con explicaciones. Es decir, los vampiros salen de los ataúdes porque los japoneses inventan la sangre sintética para ellos. ¿Que por qué les da por ahí a los japoneses? ¿Y qué más da? El caso es que ahí está la cosa. Así que ayer, que terminé el primer libro, me permití ver otra vez unos capitulitos de "True Blood". Y dios qué buena es. Ahora ya, viendo las cosas con más objetividad, sin el apasionamiento de la primera vez, si me voy más a las formas y menos a los contenidos, creo que la serie no puede estar mejor hecha: qué luz, qué imágenes, qué bonita... Y me encanta cómo empieza "in media res", con cierta violencia –la que luego va destilando–, para luego colocar la historia de amor como punto de partida y los asesinatos como punto de giro. Pero no seamos ingenuos, la historia de amor es sólo la excusa para hablar de un tema mayor: la exclusión.
Sangre –nunca había resultado tan sugerente–, sudor –no apta para menores de 18, me temo– y lágrimas (lo siento, cada vez que matan a la pobre abuela se me saltan unos lagrimones como el puño) para indagar en uno de los grandes problemas de la humanidad.
Ah, y diversión, mucha diversión. ¿Nos vamos una noche al Fangtasia? Si Eric está esperando, sí. Y si Bill pasa a tomar algo, ni te cuento.

miércoles, 21 de abril de 2010

Para tus sentidos

Sé que mi sobrinilla adolescente, que es una de mis personas favoritas en el mundo mundial, universal y etc... (con todos los mundos posibles, incluyendo las realidades paralelas de "Lost"), anda pirrada con "True Blood" y que está devorando la primera temporada a escondidas de papá y mamá (que lo saben, nena, pero te dejan).
También sé que le costará decidirse entre Bill y Eric, como cualquier mujer heterosexual que se precie, y que se lo está pasando como una niña (que ya no lo es), con esta gamberrada vampírica.
Para ti, nena, va este vídeo –aun a riesgo de que me quiten la custodia como tía, con una canción de un grupo que también tiene lo suyo, pero que es más de mi época que de la tuya, Depeche Mode.
Al verlo, entenderás que te comprendo: te doblo la edad, pero mi cabeza no está mucho más ordenada que la tuya para según qué cosas, bueno, para casi todo.
¡Maldita Sookie!

martes, 20 de abril de 2010

La tercera de True Blood



No veo el día. Falta un mes para ver la tercera de "True Blood" y, además de fotos, todas sin sustancia, sólo de personajes, sin nada que deje "entrever" la acción –Alan Ball es demasiado listo, no llenaría las fotos promocionales de spóilers–, se ha colado por la Red este vídeo, que tampoco dice mucho, pero sirve para calentar mentes y motores.
No sé a vosotros, pero ahora mismo, a mí, más que Sookie y el propio Bill, a mi pesar, me interesa Eric, y creo que él es el que va a traer el jugo –y la sangre– esta temporada.
Mientras llega –por dios, qué agonía, sólo tenemos este vídeo. Y en él, Eric aparece muy poco: pero lo suficiente para ponernos los dientes largos.
Deseandito estoy de ver las andanzas del vampiro vikingo.

miércoles, 30 de diciembre de 2009

Tres de la temporada tres de "True Blood"

Sí, sólo son tres segundos, pero menos da una piedra. Tres segundos de promoción de la tercera temporada de "True Blood" y algún que otro chisme que he leído por ahí, como que Lafayette –cuidado, si no has visto la segunda, puedo calzar algún spoiler sin darme cuenta y sin maldad, claro– tendrá novio (pareja, amigo con derecho a roce…) en la tercera temporada. Dicen que Alan Ball está buscando a un actor latinoamericano de unos 30 años para interpretar a alguien que despertará aún más la lujuria del traficante de "V". También parece ser que la ayudante de Eric –pedazo vampiro, quién quiere un nórdico si puedes tener un sueco como ése, mi hermana dixit mientras hacía el otro día la cama– se va a descubrir como homosexual... y otras cosas como la aparición de una nueva mujer en la vida del planito de Jason.
En estos tres segundos no vemos casi nada, sólo percibo la sensación de que pocos instantes después de empezar la tercera temporada sabremos quién ha secuestrado a Bill y dónde anda. Luego vemos la cara de preocupación de la enamoradísima Sookie, a Sam y a Jessica sacando los dientes.
En fin, que esto me sabe a poco. Pero quizá mañana, en ver las 12 jodidas-cursis campanadas, me lo ponga cuatro veces seguidas. Eso si a las doce no estoy dormida, como Senisienta...

jueves, 26 de noviembre de 2009

Sacando los dientes. ¿Reality Bites?


Epístola a mi querido Edward Cullen:
Estimado vampiro, no seré yo –y ya lo sabes por post anteriores– quien venga aquí a quitarte valor, que lo tienes, pero más bien como zagalito adolescente con tableta de chocolate incluida (en las formas de tu abdomen, dudo mucho que vaya alguna vez a tu estómago, lo uno con lo otro me parece más bien incompatible) que como vampiro en sí. Es decir, que eres un vampiro adorable y guapete, pero que jamás sacas los dientes, ni siquiera cuando defiendes a tu amada sacas la bestia que llevas dentro, digo más, ni siquiera sacas la bestia que se supone que eres. Eres luminoso y luminiscente, en sentido figurado y literal, y aguantas el sol como un lagarto en primavera, porque éste te hace aún más hermoso, si cabe.
Y así podría estar hasta el infinito, enumerando tus virtudes, tus bellos rasgos, tus finas cejas, tus frescos labios... Despliegas y luces –insisto, literal– como ninguno y a los dos minutos de "Luna Nueva" te das un paseíto con camiseta pegada a la tripilla (a la ausencia de) por la puerta del insti que eres la envidia del condado, muchacho. En fin, que no tienes peros que valgan, excepto uno.
Y es que, cuando llega una edad (es decir, se roza o se pasa la treintena), nos gustan más los vampiros que muerden. Tú para nosotras eres sólo un cachorrillo ladrador.




miércoles, 25 de noviembre de 2009

Más de amores. Déjate morder

"True Blood" es una de las series que más me han enganchado y cautivado jamás. Está tan bien hecha que cada imagen parece un lienzo. Tiene esa luz, esos planos... Pero, además de eso, es tan absolutamente gamberra y divertida... Aquí, en España, ha pasado sin pena ni gloria y no se puede comprar aún (no ha llegado el DVD ni se puede comprar la botellita de True Blood ni na de na), pero ya sabéis que hay formas de verla. No os la perdáis. Esta promo del Plus mola y es muy sugerente. Una dentellada de lo que la serie puede llegar a ofrecer.

viernes, 20 de noviembre de 2009

¿A quién le hincarías el diente?


O lo que es lo mismo, ¿por los colmillos de quién te dejarías morder? Para mí, que en esto  de los vampiros soy una egoísta, son más fáciles los "noles" que los "siles", traducido al lenguaje normal, fuera del patio de colegio y la colección de cromos: no me resulta fácil decir cuál de estos vampiros me resulta más apetitoso, pero sí puedo empezar por el menos jugosillo, que es el chavalito de "Crepúsculo", que a mí no me dice mucho, al contrario de lo que les ocurre a las adolescentes de medio mundo.
Podría seguir por Tom, que, aunque es mono, no da la talla de vampiro porque me resulta un tipo con un físico poco poderoso.
Luego, no sé, no sé... El tercer eliminado sería el bueno de Brad. En otras batallas –lo recuerdo en Troya, con esa mini..., ay, omá qué rico–, quizá me lo quedara, pero en ésta subo al podio a los otros tres.
Y no me pidáis que elija a uno de los tres, no puedo. Sería como tener que elegir qué dedo cortarme. No puedo, no puedo. Por un lado está el sugerente Gary Oldman: la mujer que se resista a su "He atravesado océanos de tiempo para encontrarte" ni es mujer ni es na.  Y qué decir de Eric y Bill, mis recientes adquisiciones... Bill, con ese pelillo, esa sonrisilla... ese rollito tan "introspectivo", tan "pa dentro", tan atormentao, que si casi se muere y resucita y ¡cómo resucita!... Ay, omá. ¿Y Eric? Tan rubio, tan alto, con ese phuto sentido del humor... Los adoro a los dos y les ofrezco mi carótida.
P.D.: Siento la tontería de este post. Necesitaba frivolizar.
Reblog this post [with Zemanta]

jueves, 29 de octubre de 2009

Junio de 2010: la llegada


Se dice que en junio del año que viene se estrena la tercera temporada de "True Blood". Y aquí estoy, con una ansiedad que no me tengo. El creador de la serie, Alan Ball, una mente prodigiosa, ha sido el encargado de lanzar unos spoilers, aunque en realidad tampoco es para tanto. Más que spoilers son pistas. A ver: dijo que en el primer episodio de la tercera temporada se sabrá quién ha secuestrado al guaporro de Bill. También dijo que vamos a ver a Eric sin ropa ¡eso es un lujo y no lo de Dior! y que irá ganando protagonismo (y eso me gusta y me acojona, porque como a éste también le dé por enamorarse de Sookie, mis terminaciones nerviosas van a reventar).
¿Más? Un personaje muerto resucitará en forma de flashback, ¿será Godric? Quién sabe.
Y, aunque la relación entre Bill y Sookie no pasará su mejor momento, seguirán enchochaos.
Pues muy bien. Esto es todo lo que  hay, por el momento. Según me vaya enterando, iré contando.
Ah, sí, también dicen que habrá personajes nuevos.
Mientras, disfrutad con el buenorro de Eric.