
...la vida misma y lo que me falta para ver el estreno de la tercera temporada de "True Blood". Y tengo síntomas claros de dependencia al "V", como si fuera un jodido drenador de Bom Temps o en Sheverport, a la espera de atracar el "Fangtasia" (¿alguien quiere no ir a ese bar?). Y no es el caso. El caso es que no se me va de la cabeza. Hoy iba a escribir sobre "Lo que el viento se llevó", una de mis asignaturas pendientes en este blog –la veo todos los años, sola, una tarde entera llorando. Una catarsis. Y me encanta–, pero no puedo. La cabeza se me va. Y para más inri, anoche, leyendo el cuarto libro de "True Blood" (son malos pero muy divertidos), supe que el vampiro Eric había estado en el rodaje de "Lo que el viento se llevó", y me parto. Al igual que me parto cuando se queda viendo a "Buffy, cazavampiros" o cuando Sookie cuenta lo que se le pasa por la cabeza –y por todo el cuerpo– cada vez que ve al rubio. Total, que los libros son malos, pero dan felicidad, como las palmeras de chocolate –más o menos–.
Y si bien es cierto que la serie no se ciñe demasiado a los libros, coge lo fundamental y lo enriquece: convierte un mundo fantástico, que sitúa en una localidad sureña (calor, música, cerveza, sudor, bares de carretera), en el escenario perfecto para hablar sobre la exclusión, los prejuicios y, en general, las bajezas humanas. Esto, bien aderezado con gente guapa, guiones con chispa y una banda sonora que quita el hipo –y sexo, claro, mucho sexo– dan como resultado afirmaciones de este tipo:
Mi hermana: "Nunca una serie me había generado tanta ansiedad".
Yo: "¿Ni "Perdidos", ni la séptima de "The Shield", ni "Mad Men"...?
Ella: No, no, ninguna. Las habrá mejores, pero ninguna que me apetezca más.
Y pienso: mira como las palmeras de chocolate; hay cosas mejores, pero ninguna que me apetezca más. De hecho, esta noche he soñado que me comía una –de las doraditas, finas y crujientes, con ese chocolate que se deshace– y ha sido un sueño muy feliz, sólo comparable al día que soñé que salía con Paul Newman cuando él tenía 44-45, el de "El premio" y esas pelis... ¡Qué pasada!
Por cierto, Moltisanti ha recopilado en su blog los vídeos promocionales y los posters de la tercera de "True Blood" y en "facebook" los grupos probill y proeric están que echan chispas.
A lo que vamos, a falta de cuatro días y siete horas, a poquito que Allan Ball se ciña a la historia del libro, vamos a temblar, porque ahora mismo, por lo que estoy leyendo, mejor no os cuento dónde anda Bill y qué hacen Eric y Sookie, porque os machaco a spóilers. Ah, y, a día de hoy, tomo partido: soy de Eric. Quizá mañana sea de Bill. Pero hoy soy de Eric, y hasta he cambiado mi foto del facebook y me he puesto a Eric con la boca chorreando sangre, el muy vampiro.
¿Que por qué hoy soy de Eric sin dudas?
A este vídeo –spóilers de la segunda– me remito. Me sobran las palabras. Mirad cómo mira, cómo la salva, qué valiente es, cómo habla (insisto, no hay que ver esta serie doblada), cómo sonríe... En fin. Pero claro, una piensa en Bill, tan mono... Bueno, sobre Bill ya pensaré mañana. Hoy somos de Eric y mañana será otro día (menos).
