
Hoy... podría escribir sobre la tercera de "Crepúsculo", que ya la he visto. Y decir que nunca he visto vampiros más light y menos sangrientos, pero que no me sorprende que las adolescentes de medio mundo –y las no tan adolescentes– se vuelvan locas con Edward: es perfecto. ¡Pero si es hasta vampiro! Porque si no fuera vampiro, sería demasiado simple: ama sin restricciones, está como un queso, es buen tío, culto, educado...¡Qué coñazo! Ah, amigas, pero es vampiro. Eso cambia la cosa: no, la mejora. Edward es perfecto. Y la peli no tiene mucho más: sigue sin sangre y sin sexo. Y eso, en una de vampiros, es una aberración. Algo así como si en una del Oeste no hay tiros. Pero la peli está entretenida, es la mejor de las tres, sin duda. Y el fenónemo, además, continúa imparable. Alguien se está forrando por ahí por haber puesto los ingredientes justos en un cóctel que, sin ser el mejor, a todo el mundo puede gustarle. Qué acierto.
También podría hablar del cuarto de la tercera de "True Blood", que ya va aclimatándose, ¡y cómo! Esto sí que son vampirazos. Y cómo mola Eric. La trama ha ido subiendo la temperatura con un juego político entre los reyes de Mississippi y Lousiana con tráfico de V incluido: es decir, el poder trapicheando. ¿Os suena? Pues pasa todos los días. Al cacao político se suman los asuntos amorosos con un Bill cada día menos apetecible y un Eric cada día más sublime (me confieso: me he hecho una camiseta del Eric Team, he tomado partido por uno, y me quedo al vikingo rubio).
Y podría hablar de qué "La vie en Rose" es una de mis canciones favoritas y que hoy se la he regalado vía mail a un amigo (no, a dos) pero que no hace mucho la bailé con la única peguita de que no sé bailar y que la versión era la de Edith Piaf, que me encanta, pero la de Louis Armstrong me mola mucho más. Me pone los pelos como escarpias. Qué emocionante y hermosa es.
Y que con éstos y otros sabores, con aquéllas y estas palabras, me dispongo a poner el mare nostrum de por medio y cambiar el paisaje urbano por otro más exótico y apacible. Entre otras cosas, me llevo a Madrid en el corazón. A vosotros también, esquilmados y fieles lectores. Y, sobre todo, el cansancio a cuestas. Pero prometo no traerlo de vuelta. Será sólo una semana, pero me servirá como si fuera un año.
Ciao. Mañana estaré tomando un té ahí mismo, con el Mediterráneo de fondo y el eco de la mezquita llenándolo todo.
Besos a tol mundo. Ya me voy cantando:
...I close my eyes
I see la vie en rose...
When you press me to your heart... la, la, la, la...
