Porque a tu lado me quedé dormida. Porque alegraste las noches en las que estaba triste, porque me diste tu tiempo y tu sonrisa, y tu llanto, y tu alegría. Porque me quitaste el sueño y llenaste las tardes de lluvia. Por las mil aventuras que vivimos juntos, porque me acompañaste y me enseñaste. Por las noches de sábado, esas en las que, después de las risas y las copas, tú y yo, solos, nos entregábamos a reconfortantes placeres. Por las mañanas de domingo que pasé contigo y tu inconfundible aroma a café y hogar.
Por eso y por mucho más, te echo de menos MEGAUPLOAD.
Por eso y por los mordiscos de vampiro, y los aullidos de los hombres lobo, y los crímenes sin resolver, los dramas carcelarios y las historias de mafiosos, y de moteros, y de músicos de Nueva Orleans. Te echo de menos y mi alma y mi imaginación, mi ocio y mi casa están de luto.
La vida sin series es peor vida. La vida de un seriéfilo es magnífica si no te falta tu dosis diaria, pero, si tenemos en cuenta que, desde el jueves a hoy, sólo me he metido en vena un miserable capítulo de "Crónicas Vampíricas" que me costó horas conseguir... mi mono empieza a convertirse en gorila. De aquí a atracar el Media Mark o la Fnac hay un paso.
Y no, lo de la piratería no me parece bien. Y ese gordo cabrón que montó MEGAUPLOAD y nos timó a todos –hasta los mismísimos de que me echara a los 72 minutos, me convertí en cliente PREMIUM– tendrá que pagar por ello, pero ni tanto ni tan calvo. No tengo la solución a este problema ni sé qué se debe hacer, pero, bien es cierto que, gracias a que vi series por Internet, compré muchísimas –y no exagero cuando digo MUCHÍSIMAS- y me gasté (y seguiré gastando) un dineral en ellas. Participo de ese comercio y participo gustosa, porque me fascina. Y me fascina tener la casa plagada de hermosas cajas de DVD con "Roma", "Mad Men", "True Blood", "Perdidos", "Los Soprano", "Prison Break"... (no, no las presto, por si acaso a alguien se le ocurre).
Supongo que las nuevas formas de consumir obligarán a los grandes imperios a remodelarse. No hay otra. Quiero decir, gastarse 150 euros en comprarse "Los Soprano" te hace dudar. Pero si la HBO los pone en su web y pagas un euro por capítulo, evitarás piratería, la verás con calidad y la consumirán millones de personas. Y los histéricos fetichistas de series, como la que esto suscribe, además, se gastarán los 150 pavos.
Supongo que lo lógico es estrenar en la TV (por dios, no hablo de Telecinco ni mierdas por el estilo, hablo de la FOX y la HBO principalmente), esperar unas semanas e ir subiendo los estrenos, que el consumidor podrá ver a un módico precio. Y además tener archivo con todo lo ya estrenado. ¿Quién no se pasearía de vez en cuando por la web de la HBO a ver "Roma", "Deadwood", "Los Soprano"...?
No sé cuán fácil o difícil es eso, pero supongo que es lo que se espera por lógica. Todo lo demás es alimentar la piratería, porque dudo mucho que millones de personas se resignen al hecho de no volver a ver series por Internet.
Y una vez desahogada, os diré que si vais al cine (sí, también gasto en cine, que nadie me acuse a mí de no consumir, joder), os ahorréis (o no, todo el mundo hablará de ella, y hay que estar informados) la pasta de "The Artist".
Esta película da para un corto, poco más. Está bien hecha, es bonita, estética, tiene detrás un pastizal... pero carece de alma. No cuenta nada. Con ella no sufres, no ríes, no lloras, no disfrutas, no te inquietas... Es decir, no sientes nada. Nada de nada.
Y eso me ha traído otra vez a esta desordenada cabeza mía la siguiente idea: la belleza sin alma no sirve, o no es.
Es lo que les ocurre a las modelos (por eso no seducen): están elegidas para no llamar la atención más que lo que llevan puesto, son cuerpos sin rostro sin risa y sin lágrimas, nulos.
Bueno, que me estoy yendo del tema. Eso lo dejo pa otro día.
Que aquí dejo mi particular réquiem a Megaupload, que tanto me dio, con la esperanza y el deseo que esto se resuelva pronto y pueda volver a meterme en vena capítulos y capítulos de mis series, que tanto me gustan y me aportan.
Y no exagero. Por ejemplo "The Shield" y "The Wire", y también "Los Soprano", me enseñaron a tener la mirada cenital, que tantas veces me ha ayudado a comprender a los otros y a no juzgarlos. Esa mirada que tantas veces me ha recordado que las cosas son como son y no como quiero que sean. Asumir para vencer.
"Perdidos" me recordó que nada es lo que parece. Y "Prison Break" que hay gente en el mundo (poca pero la hay) por la que vale la pena morir. "True Blood" desplegó ante mi curiosa mirada un mundo de placeres estéticos que escondían los grandes temas de la humanidad: el amor, la exclusión, el rechazo, la muerte. La pasión y el deseo. Lo prohibido.
"Deadwood" volvió a demostrarle al mundo que la brutalidad es una cualidad casi inherente al ser humano. "Roma" me hizo viajar a esplendores imperiales... "Los Borgia" y "Los Tudor" subrayan la idea (cada vez más asentada y demostrada) de que el poder y la corrupción van inevitablemente unidos. Y así podría seguir y seguir.
Pero concluiré (y éste ya es el fin, lo prometo) recordando la madre de todas las series, la que me enganchó. Esa serie de los noventa, posmodernista y genial. Una serie sobre lo profundo, el humor y la relatividad. Un lugar donde conviven doctores, curanderos, científicos y chamanes, locutores de radio místicos, mujeres fatales, viejos astronautas, cinéfilos lunáticos e ingenuas misses. Porque Cicely, el pueblo donde se desarrolla (mil veces plagiado) no es un lugar, es un estado de ánimo. Porque nadie como sus pobladores para recordar que el ser humano vive en constante cambio y es dueño absoluto de su alma y su libertad (uf, qué responsabilidad más chunga) y de sus miedos (es muy representativa la historia de Holling, el cazador, con el oso Jesse, su miedo, su dragón, su toro –ay, que me extiendo otra vez–). Porque "Doctor en Alaska" nos recuerda que somos capaces de renacer cada primavera. Y porque tiene frases como ésta: "Es hora de ponerse manos a la obra. Tanto si sale bien como si no. No importa. Soy libre". Joel Fleischmann.
Bueno, ellos lo cuentan todo mucho mejor que yo. Y con ellos os dejo.