El blog de Luisa Tomás

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miércoles, 27 de octubre de 2010

Damon Salvatore, lo mejor de "Crónicas Vampíricas"


Vale, me rindo. "Crónicas vampíricas" me ha ganado. Y es que a medida que voy avanzando me gusta más. Ay, lo que hace un buen guionista... En resumen, al principio todo parece que no va a pasar de ser una historia de amor adolescente con vampirito amargado. Pero no, la serie está llena de ironía, entre otras virtudes (ojo, hablaré un poco de la serie, hasta el capítulo seis de la primera, puede haber spóilers).

Está bien contada, juega bien con el tiempo, los recuerdos y los sueños. Recrea bien los ambientes y va incorporando personajes que aportan gracia y enriquecen la historia (de hecho, en el sexto capítulo de la primera temporada empieza a formarse una especie de liga antivampiros al más puro estilo de la secta ultra de mi adorada "True Blood").

Pero al tema. Lo mejor de esta serie para mí es el "vampiro malo". Si, otra vez. Y éste es malo, malo (mi Eric es mucho mejor), pero es un personaje muy divertido, lleno de sarcasmo. Un personaje que en medio de la tragedia, que la hay, hace reír, y mucho.

Sirvan para ilustrar lo que cuento un par de ejemplos. El tío es un guaperas (el de la derecha en la foto, Ian Somerhalder, Boone en "Perdidos") y lo sabe y, como no envejece, presume de ello, haciendo chistes del tipo "ninguna chica se resiste a mi encanto, además, conozco algún tema de Miley Cyrus". Y tiene gracia, joer, que un vampiro haga chistecitos con Hannah Montana tiene coña. Y es un vampiro cruel, que mata sin piedad, así que, en uno de los capítulos que he visto hoy, se pega un festín en un cementerio y mata a tres personas. Después llama a su hermanito y éste le pregunta que dónde está: "En el Hilton", responde él. Ah, y cuando Vicky, totalmente colocada, le lloriquea y él le suelta: "Vaya sí, tu vida es patética". Todo esto salpicado de gestitos de indiferencia y frialdad, pero lo mejor que he visto hasta ahora de Damon Salvatore, y llevo seis capítulos de serie, es el bailecito que se ha marcado a ritmo de los Depeche y "escamisao". Pa escojonarse.

Y bien, el patrón se repite (todo está inventado): vampiro bueno y enamorado-vampiro malo que luego no es tal (ya se va descubriendo el lado humano de Damon -cuando va a ver a Helena, mientras ésta duerme, cuando ve la foto de Katherine...-, como descubrimos el de Eric), pero para no aburrir hay que darle matices. Y Damon los tiene, y son muy divertidos. Lo mejor de "Crónicas Vampíricas", sin duda. Uno de esos personajes que, sin ser la serie de las mejores, le dan un gran valor (pasa lo mismo en la segunda de "Prison Break", cuando aparece Alex Mahone).

Os seguiré contando. Mucho se tiene que torcer la cosa para que yo no devore esta serie, como he devorado "Treme", la cual he terminado hoy y a la que dedicaré un post en breve, ya que ahora no viene a cuento extenderse con ella. Pero antes inserto este vídeo de la escena final de la serie. Quizá os anime a verla (me temo que por aquí ha pasado sin mucha pena y menos gloria). No oe preocupéis por posibles spóilers, no se ve nada determinante, pero se intuye lo que subyace por debajo de esa música: un montón de sensaciones y afectos que descubriréis si veis esta estupenda serie de la HBO.

martes, 18 de mayo de 2010

"Treme". Tras la tempestad... llega la imaginación


Si es de la HBO, a priori, me interesa. Si es de los creadores de "The Wire", a priori, me la quedo. Y así fue. "Treme" lleva emitidos cinco capítulos en los States. Aquí, como casi todas, se puede ver on line. Y creo que un buen seriéfilo no debe perdérsela. La historia empieza tres meses después del Katrina, con Nueva Orleans devastada. La serie gira en torno a un grupo de músicos y hosterlos que se han quedado a dos velas (como toda la ciudad, claro). Con una ciudad destruida, en la que buena parte de la población vive por, para y de la música, ellos tienen que "resetearse", reinventarse y ponerse en marcha, pero no en sólo sus trabajos, en sus bares... También sus sus vidas, su casa y su imponente cultura musical. A esto hay que sumar, por un lado, la crítica que se realiza a la política (o al sistema en general) por los fallos que provocaron que los sistemas de control no funcionaran, anegando así al 80% de la ciudad y desplazando de sus hogares a miles de personas –ahí tenemos a un genial John Goodman haciendo las veces de un Michael Moore (recuerda muchísimo a él)–; por otro lado, está el drama humano (familiares desaparecidos, el éxodo a otros lugares) y para poner el lazo a todo esto, aliviando la pátina de dramatismo, la música, que suena por todos los lados. Música como vida, alivio y consuelo.
El reparto está encabezado por Antoine Batiste (Wendell Pierce, The Wire), un trombonista mujeriego que vive al día y derrocha talento; su ex mujer, LaDonna Batiste-Williams (Khandi Alexander, C.S.I. Miami), que tiene un bar patas arriba y una familia aún más patas arriba, si cabe, con un hermano desaparecido durante la tormenta. Tenemos un disc-jockey rebelde; una abogada de las causas perdidas; una chef arruinada, Janette Desautel (Kim Dickens, Deadwood); el jefe de la tribu "los Guardianes de la Llama", Albert Lambreaux (Clarke Peters, The Wire); músicos callejeros...
Pero sobre todo lo que se muestra es música, música y música. Imaginación y creatividad para compensar el drama.
Tengo tantas ganas de ver el cuarto capítulo como de que editen su genial banda sonora.
Un aperitivo: