El blog de Luisa Tomás

El blog de Luisa Tomás

miércoles, 30 de junio de 2010

Se llama...



...Joe Manganiello, y está así de bueno.
Éste es el actor que da vida a Alcide Herveaux en la tercera temporada de "True Blood" (y si no has llegado al tercer capítulo de la tercera, que es donde aparece, y no quieres spóilers, no sigas leyendo. O sí. Allá tú con tu conciencia y tus spóilers).
Alcide... ¡qué personaje! En los libros tiene bastante importancia, ayuda y protege a Sookie cuando ésta anda como loca buscando a su adúltero novio. Sí, Bill es un adúltero en los libros, y también en la serie ahora que ha dado rienda suelta a esa atracción fatal que siente por Lorena, su creadora.
Aquí, en la serie, Alcide también viene a ayudar a Sookie, por petición de Eric, con quien su familia tiene una deuda. Se presenta como un tío majo, atormentado por una ex novia –en el libro es igual– y además es un hombre-lobo, que es lo más humano con lo que se relaciona Sookie, por extraño que parezca, ya que a éste le late el corazón, no como a su novio y a su –quizá– ¿próximo amante? No sé, dejémoslo ahí, pero, por la evolución de Eric, que es, sin duda, el mejor personaje de la serie, me da que Sookie no va a poder resistirse a sus encantos rubios y vikingos, sobre todo ahora que Bill anda haciendo el animal –literal– con Lorena y ha traicionado –al menos en apariencia– a la reina de Luisiana.
Al tema, este tercer capítulo de "True Blood" me ha decepcionado un poco, sobre todo porque hay dos temas que me cansan y no evolucionan:
1. La obsesión de Jason con el disparo de Eggs. Estoy harta de sus idas de olla y harta de su obsesión con la frente de la gente, a la que sólo ve con un disparo entre ceja y ceja. Sé que Alan Ball es listo y, aprovechando la renuncia del sheriff, quizá pondrá a Jason como nuevo agente de la ley para descojonarse de los agentes, la ley y sus circunstancias, ya que hay poca gente con menos cerebro que Jason.
2. Me cansa Tara. Y me cansa mucho. Creo que el vampiro con el que ahora se relaciona dará juego, pero, a día de hoy, es un personaje que me aburre.
Confío en que, a medida que se va armando la temporada, el engranaje me haga pasármelo tan bien como lo pasé con la primera y la segunda. Pero tengo un pálpito: la persona-no muerto-vampiro que nos va a hacer pasarlo bien va a ser Eric. Creo que él será el personaje de la tercera. Él y Alcide serán el tándem, pero Alcide es más planito. Un tío bueno, hombre-lobo honesto, con ética y un caballero. Pero Eric, ay Eric. Es la gran promesa.
De hecho, lo mejor de los tres capítulos de la tercera han sido frases de él –cito de memoria–.
Cap. 1: "Sookie". No es lo que dice, sino cómo lo dice, cómo entorna los ojos y el gesto que hace.
Cap. 2: "No hagas eso, me hace sentir patéticamente humano". Se lo dice a la tontorra de Sookie, que parece haber despertado en este animal el hombre que lleva dentro.
Cap. 3: Dice ella: "Iré a buscar a Bill. Él haría lo mismo por mí. Tú no lo entiendes". Él la mira, con ¿ternura?, y suelta: "Sí lo entiendo".
Y el mundo se derrite.
Alcide estará más bueno, pero como Eric no hay ninguno. En cuanto a Bill... su encanto empieza a difuminarse. Esperemos que lo recupere.
Salud y sangre fresca.

lunes, 28 de junio de 2010

El corazón (ibérico) partío



Qué panorama tan desolador. Abro el blog y me encuentro con la misma entrada desde hace no sé cuántos días. Ni que alguien –o yo misma, en sueños– fuera a refrescar esto. Estoy en fase de mínima actividad. El cuerpo no me da pa más. Y la mente... mucho menos. Así que, para salir del paso, tiro de lista de relatos y me encuentro con que no me gusta ninguno. Y no voy a castigar a mis esquilmados –pero selectísimos– lectores con cualquier chorrada sin gracia ni lustre. Hablemos de series: no puedo. Vivo pendiente del próximo capítulo de "True Blood"; veo, a duras penas, y de vez en cuando, algo de la segunda de "Prison Break" y voy al día con "Treme". Y sí, bueno, si rebusco, algo encontraré que contar. Pero es que no tengo ni ganas. Apatía y abulia. Ésas son la palabras que definen ahora mismo este estado. El solsticio me dejó en las últimas. Vivo por inercia. Y para más inri, jugamos contra Portugal. Y no quiero. Es el duelo futbolero que menos me apetece. Habría preferido Brasil. Pero Portugal... no me apetece nada.
Y tengo tres razones.
1. Creo en Iberia. Portugal y España, por historia y geografía, deberían ser lo mismo. Tengo entendido que Saramago (y el 80% de los portugueses) también creía en ello.
2. Hablando de Saramago. Ahí va mi segunda razón. Saramago es uno de los grandes –y digo es porque sólo se ha muerto, que no es poco, pero ahí queda todo lo que hizo por el mundo: adornarlo y enriquecerlo con gran literatura, qué maravilla–; y los grandes no se van nunca, porque viven en nuestra memoria. Y él es portugués. Y no quiero que su equipo caiga –pero claro, no quiero que eso suponga que cae el nuestro, ¿podría darse un empate, un abrazo entre los 22 y elegir un 11 combinado entre ambos equipos y además ganarle la final a Argentina, por ejemplo? Me temo que no–.
3. Ahí va mi tercera razón (otra salida del armario, con lo que eso supone a la hora de perder lectores, seguidores y etc. etc. etc.): mi corazón tan blanco (con permiso de Javier Marías) ansía el triunfo para Cristiano Ronaldo. Necesito verlo ganar, alimentar su ambición y su sed de triunfo, la sonrisa de crío que pone cuando juega al fútbol... Me da igual lo que cobre, los anuncios que haga y lo que guste a las mujeres de medio mundo. A mí me gusta no sólo porque juega en mi equipo (y a la vez principalmente por eso); me gusta porque desprende fútbol, y con él valores: ganas de mejorar, de jugar, de perfeccionar, de crecer y, por supuesto, de ganar (no seamos pusilánimes, a todos nos gusta ganar. Tener ambición es bueno; es malo ser maquiavélico y hacer lo que sea para lograr tu objetivo. Pero es bueno querer ser el mejor). Pero claro, también quiero el triunfo para Casillas, lo necesita. Y necesita callar bocas. Y parar penaltis, como se los paró a Italia en la Eurocopa.
Resumiendo; he entrado en conflicto. ¿Casillas o Cristiano? ¿España o Portugal? No puedo elegir. Tengo el corazón partido. No, lo tengo roto. Destrozado. Mañana, 29 de junio, cumple los años una de mis personas favoritas en el mundo, mi hermanita pequeña: la friolera de 27 –con lo mona que era a los cuatro...–. Y está en la misma situación que yo. No, lo suyo es peor: es su cumpleaños y no merece este castigo; merece un regalo. No puede ver enfrentarse a las dos selecciones a las que ha apoyado por igual desde que empezó el Mundial; no puede ver enfrentarse a Casillas y Cristiano... Y no puede, no puede. Y es literal. Y amenaza con no ver el partido, meterse a un cine o a la cama y no querer volver a saber nada del dichoso Mundial. Un drama. Eso es lo que hay ahora mismo en esta familia. UN DRAMA.
Y es que mi hermanita, a pesar de tener 27, y yo (que le saco seis y pico), tenemos el defecto, y a la vez virtud –crearé una palabra para ello: defectud– de creer en los héroes. Los necesitamos en nuestro día a día: desde José Tomás a Cristiano pasando por Aragorn, Alatriste, Íñigo Montoya y nuestro propio padre. Y, por supuesto, Casillas: que es el héroe de toda la familia y el ídolo de nuestros sobrinos.
Y mañana no queremos un duelo a muerte entre dos de los nuestros. Y menos mi chiquitina, que se pone muy sensible el día de su cumpleaños... Nena, no puedo hacer nada para aliviar tu pena, bueno, ese montajillo de cuando eras pequeña rodeada de algunos de los héroes de tu vida y abrazada al simpar "Cecilio", un perro ciego que adoptaste –estás pixeladilla y tienes 20 años menos, nadie te reconocerá por la calle, no te preocupes. Además, me lee poca gente, y ahora menos–.
No estés triste; mañana, pase lo que pase, no pienses en el que pierde; sino en el que gana. Y comparte su alegría. Los dos volverán a ver la gloria. Y ahí estaremos para celebrarlo. Hazlo por Iker y por Cristiano. Por los héroes (incluidos los del Silencio, of course, y su Iberia Sumergida). Por el fútbol, por mí, por ti y por Saramago, por tu natural mediterráneo y su mirada atlántica.