
Qué panorama tan desolador. Abro el blog y me encuentro con la misma entrada desde hace no sé cuántos días. Ni que alguien –o yo misma, en sueños– fuera a refrescar esto. Estoy en fase de mínima actividad. El cuerpo no me da pa más. Y la mente... mucho menos. Así que, para salir del paso, tiro de lista de relatos y me encuentro con que no me gusta ninguno. Y no voy a castigar a mis esquilmados –pero selectísimos– lectores con cualquier chorrada sin gracia ni lustre. Hablemos de series: no puedo. Vivo pendiente del próximo capítulo de "True Blood"; veo, a duras penas, y de vez en cuando, algo de la segunda de "Prison Break" y voy al día con "Treme". Y sí, bueno, si rebusco, algo encontraré que contar. Pero es que no tengo ni ganas. Apatía y abulia. Ésas son la palabras que definen ahora mismo este estado. El solsticio me dejó en las últimas. Vivo por inercia. Y para más inri, jugamos contra Portugal. Y no quiero. Es el duelo futbolero que menos me apetece. Habría preferido Brasil. Pero Portugal... no me apetece nada.
Y tengo tres razones.
1. Creo en Iberia. Portugal y España, por historia y geografía, deberían ser lo mismo. Tengo entendido que Saramago (y el 80% de los portugueses) también creía en ello.
2. Hablando de Saramago. Ahí va mi segunda razón. Saramago es uno de los grandes –y digo es porque sólo se ha muerto, que no es poco, pero ahí queda todo lo que hizo por el mundo: adornarlo y enriquecerlo con gran literatura, qué maravilla–; y los grandes no se van nunca, porque viven en nuestra memoria. Y él es portugués. Y no quiero que su equipo caiga –pero claro, no quiero que eso suponga que cae el nuestro, ¿podría darse un empate, un abrazo entre los 22 y elegir un 11 combinado entre ambos equipos y además ganarle la final a Argentina, por ejemplo? Me temo que no–.
3. Ahí va mi tercera razón (otra salida del armario, con lo que eso supone a la hora de perder lectores, seguidores y etc. etc. etc.): mi corazón tan blanco (con permiso de Javier Marías) ansía el triunfo para Cristiano Ronaldo. Necesito verlo ganar, alimentar su ambición y su sed de triunfo, la sonrisa de crío que pone cuando juega al fútbol... Me da igual lo que cobre, los anuncios que haga y lo que guste a las mujeres de medio mundo. A mí me gusta no sólo porque juega en mi equipo (y a la vez principalmente por eso); me gusta porque desprende fútbol, y con él valores: ganas de mejorar, de jugar, de perfeccionar, de crecer y, por supuesto, de ganar (no seamos pusilánimes, a todos nos gusta ganar. Tener ambición es bueno; es malo ser maquiavélico y hacer lo que sea para lograr tu objetivo. Pero es bueno querer ser el mejor). Pero claro, también quiero el triunfo para Casillas, lo necesita. Y necesita callar bocas. Y parar penaltis, como se los paró a Italia en la Eurocopa.
Resumiendo; he entrado en conflicto. ¿Casillas o Cristiano? ¿España o Portugal? No puedo elegir. Tengo el corazón partido. No, lo tengo roto. Destrozado. Mañana, 29 de junio, cumple los años una de mis personas favoritas en el mundo, mi hermanita pequeña: la friolera de 27 –con lo mona que era a los cuatro...–. Y está en la misma situación que yo. No, lo suyo es peor: es su cumpleaños y no merece este castigo; merece un regalo. No puede ver enfrentarse a las dos selecciones a las que ha apoyado por igual desde que empezó el Mundial; no puede ver enfrentarse a Casillas y Cristiano... Y no puede, no puede. Y es literal. Y amenaza con no ver el partido, meterse a un cine o a la cama y no querer volver a saber nada del dichoso Mundial. Un drama. Eso es lo que hay ahora mismo en esta familia. UN DRAMA.
Y es que mi hermanita, a pesar de tener 27, y yo (que le saco seis y pico), tenemos el defecto, y a la vez virtud –crearé una palabra para ello: defectud– de creer en los héroes. Los necesitamos en nuestro día a día: desde José Tomás a Cristiano pasando por Aragorn, Alatriste, Íñigo Montoya y nuestro propio padre. Y, por supuesto, Casillas: que es el héroe de toda la familia y el ídolo de nuestros sobrinos.
Y mañana no queremos un duelo a muerte entre dos de los nuestros. Y menos mi chiquitina, que se pone muy sensible el día de su cumpleaños... Nena, no puedo hacer nada para aliviar tu pena, bueno, ese montajillo de cuando eras pequeña rodeada de algunos de los héroes de tu vida y abrazada al simpar "Cecilio", un perro ciego que adoptaste –estás pixeladilla y tienes 20 años menos, nadie te reconocerá por la calle, no te preocupes. Además, me lee poca gente, y ahora menos–.
No estés triste; mañana, pase lo que pase, no pienses en el que pierde; sino en el que gana. Y comparte su alegría. Los dos volverán a ver la gloria. Y ahí estaremos para celebrarlo. Hazlo por Iker y por Cristiano. Por los héroes (incluidos los del Silencio, of course, y su Iberia Sumergida). Por el fútbol, por mí, por ti y por Saramago, por tu natural mediterráneo y su mirada atlántica.
