
En este momento me declaro insuficiente: no doy más de sí, ni para series, ni para cine, ni para trabajos, ni para relatos, ni para cenas-citas-reuniones prenavideñas, portadas y diseños varios, clases, ideas y guiones que no acaban de coger forma. Lejos de deprimirme, el exceso de actividad me hace crecerme, pero también temo que esté abandonando un poco este rincón en la blogosfera que tanto me gusta y tanto me aporta –lo mejor, los lectores, Igor, Explorador, Pilar..., ellos son el verdadero motivo, la razón de ser de esta comunicación que pasaría a ser unilateral si optaran por su silencio o su ausencia–.
Así, entre página y página de esta devastadora jornada laboral de hoy, pospuente brutal, me escapo a las querencias cibernéticas para asomarme a esta ventana y decir que sigo viva. Que me emocionó Vargas Llosa al recibir el Nobel y que el dopping en los deportistas, incluida Marta Domínguez, me deja sin frío ni calor y no me importa demasiado mientras no sea Casillas –lo siento, si también me preocupara por eso no me daría un respiro–. También que me da mucho repelús el portavoz este de los controladores que va de pijo guapete, que te llevo un finde a Londres y a cenar a un sitio chachi que pa eso soy rubio y controlador y estoy superbueno, o sea, ¿no? Ah, y también que me entretiene más el peor capítulo de "Los Tudor" que la interpretación de los analistas y tertulianos varios sobre las elecciones catalanas, el Wikileaks y demás puntos de la candente actualidad.
Tirando de vaguería y falta de tiempo –maldigo los relojes–, he echado la vista atrás para recuperar una vieja entrada, pero esa carta me la guardaré en mi manguita francesa para el fin de semana y hoy tiraré de regañina contra mi yo cibernético. ¿Cómo es posible, Luisa de mis entretelas, que en más de un año de blog no hayas hablado de uno de tus puntos fuertes (paso de llamarlo debilidad)? ¿Cómo es posible, Luisa, que eligieras ese nombre por uno de sus personajes femeninos y aún no le hayas dedicado una entrada? ¿Cómo te atreves, Luisa, a no haber confesado que sus novelas te encantan y que ahora que ya no las escribe las echas de menos? ¿Que la culpa te atenaza cuando piensas que llevas tanto sin leerlo? ¿Por qué jamás has hablado de Javier Marías?
La verdad, no lo sé. Supongo que me da respeto. Me gusta tanto cómo escribe, lo que piensa y escribe sobre el propio acto de escribir y contar, que temo meter la pata cada vez que lo nombro. “No debería uno contar nunca nada, ni dar datos ni aportar historias ni hacer que la gente recuerde a seres que jamás han existido ni pisado la tierra o cruzado el mundo, o que sí pasaron pero estaban ya medio a salvo en el tuerto e inseguro olvido”. Así empieza una de mis novelas favoritas de todos los tiempos, "Tu rostro mañana", y sólo esa frase da para pensar, escribir o callar, a veces lo más prudente, que es lo que yo voy a hacer ahora, pero con otra frase suya: ..."que no hay pena ni lágrimas porque si las hay, no hay silencio o, si no, aparece únicamente más tarde. Mañana en la batalla piensa en mí y caiga tu espada sin filo: desespera y muere".
Siempre evocador, medido, envolvente, profundo... Te quiero, Javierito. Y te debo una (entrada, se entiende).

