El blog de Luisa Tomás

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jueves, 6 de mayo de 2010

De buenos y malos


Eso me parece que es "Prison Break", una serie de buenos y malos. Y me encanta.
Y a partir de ahora, voy a hablar de ella sin preocuparme de los spóilers, porque sólo he visto hasta el capítulo 4 de la primera temporada, por lo que no puedo colar muchos, y porque vosotros, seriéfilos empedernidos, seguro que la habéis visto entera.
Me encanta que –de momento, claro, luego igual se jode el invento– la serie responda a una regla tan simple como efectiva a la hora de desplegar pasiones y odios: buenos y malos. Es decir, los hermanitos molan mazo y el guarda es un hijo de puta y los que han metido a Lincoln en chirona ni te cuento lo hijos de puta que son.
Como ya sabéis, Lincoln está condenado a muerte por un crimen que, supuestamente, no cometió. Su hermano Michael consigue ser encarcelado en la misma prisión –para ello, atraca un banco– y prepara la fuga de ambos para salvar a su querido hermano. Además de lo escalofriante y emotivo es que un hermano se meta al infierno de la cárcel para salvar al otro, los afectos se le disparan a una en cuanto se cruza el hijo adolescente del injustamente condenado a muerte, la ex novia que no lo olvida –y que a su vez es su abogada– y los dramas de otros presos.
A esto se suma que los capítulos son trepidantes, de un impacto que te clava al sillón y que no están exentos de la violencia que corresponde al tema –imaginad, el pobre Michael, con esa carita, de novato en una cárcel con tipos muy jodidos, muy, muy, muy, jodidos–.
Estos ingredientes y otros que se irán descubriendo –espero– hacen que estés los 40 minutos con el alma en vilo, deseando que Michael Scofield lleve a buen puerto su plan y, de paso, que nos enseñe los tatuajes (el tío lleva los planos de la cárcel tatuados en su cuerpo, en una maraña de símbolos y laberintos con claves que sólo él conoce). Porque, entre otras virtudes, esta serie tiene una que te impide quitar la vista de la pantalla (la foto que adjunto habla por sí sola).
Menudo descubrimiento. Y pensar que me daba pereza ponerme a verla...