
Juana se vio reflejada en el espejo y sonrió con un gesto congelado. Automático. Acarició su nuca y empezó a peinarse con los dedos, sin mimo, separando el pelo como si fueran hilos. De su boca, antes tan fresca, regalaba su aliento una canción que se perdía desolada y triste.
Miró hacia atrás: no renegaba de ninguno de los caminos que había hollado. Si naciera de nuevo, volvería a amar como había amado. Habría andado por las mismas calles hasta encontrarlo. Habría besado los mismos labios y se habría dado a los mismos brazos, hasta caer rendida a los suyos. Se habría equivocado las mismas veces y hasta hubiera sufrido los mismos daños.
De tener otra vida, no querría vivirla si él no estaba. De tener que sufrir otra muerte, sólo resistiría la propia. Su mente, ahora libre, entregada al delirio y la locura, no tenía fuerzas ni para recordar que Felipe ya no estaba.
18 de mayo de 2011. Diario local y gratuito.
Ciempozuelos. Madrid
Una interna del manicomio de la localidad madrileña de Ciempozuelos aparece ahorcada en su habitación.
Según los responsables de la institución, la joven, de 30 años, que respondía a las iniciales de A. G. L., estaba obsesionada con la historia de Juana la Loca y Felipe el Hermoso.
Los familiares afirman que padecía un trastorno grave de la personalidad desde hacía años, cuando su novio, Rodolfo, y ella, sufrieron un accidente de coche en el que murió él. Incapaz de superar el shock que le produjo esta tragedia, A. G. L. fue derivando hacia conductas irracionales, se obsesionó con la historia de la reina Juana de Castilla, leyó cientos de libros sobre ella e incluso empezó a hablar en castellano antiguo.
Por su bien, fue ingresada en el sanatorio dos años atrás, para recibir las atenciones y el tratamiento necesarios. Al no responder a la medicación, su neurosis y esquizofrenia fueron a más, cayendo en una honda depresión que la llevó al suicidio en la tarde del día 17.
RIP
