El blog de Luisa Tomás

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domingo, 3 de julio de 2011

Voy de negro

Voy de negro. Y de negro me verás.
A veces literal (le sienta bien a mi piel tan blanca y a mi corazón tan merengue). Otras, figurado.
Si uno se pusiera a analizar el dolor, acabaría enchufado a la tableta de Valium y a la botella de tequila. Si yo me pusiera a analizar el dolor, pasaría del Valium: me entregaría sólo al tequila. La resaca es incómoda, que no dolorosa, pero ese sabor rompiendo la garganta es mucho más placentero que el hecho de tragar una pastilla, tan aséptico per se. Tan del siglo XX, tan yupi, tan pasado de moda. Si uno se entrega al precipicio, que deje, al menos, algo de poesía. O un regusto en los labios, con sal y limón, por si alguien en el último momento quisiera besarlos.
Si algo puede ir mal, sin duda irá mal. Si hoy el día es gris, mañana será negro. Y no hay tonos intermedios ni marengos ni perlas (y si sale el sol será para Shakira, que además de fea canta mal). Sólo queda, quizá, el refugio de los cálidos tonos rojizos del atardecer, levantarse heroica, a lo Escarlata O'Hara, en un ocaso decadente y envuelto en dificultades.
Y si hace días que no me paso por aquí, no es porque no me acuerde, es porque ni las pobres musas, que en otros días me acompañaron para teclear (que ni siquiera escribir, no pretendo darme títulos que no merezco), se dignan en pisar, con sus leves y níveos pies, mi estancia (que rezuma plásticos, obras, rumanos que se piran cuatro horas, cemento, baldosas y desorden).
No reina la belleza en mi vida en las últimas semanas. "Póngame cuarto y mitad de poesía", le dije al pollero, que me miró extrañado y contestó "señora, el contramuslo está en oferta". "Que no me digas señora, hostias. ¿Has visto mi piel, mi corte de pelo, mi vestido? Métete los contramuslos por el culo, macarra". "Señora, macarra será usted, que contesta de tales maneras...". Y tenía razón el muchacho. Y cuánta.
Pero no la suficiente. A veces me gustaría ser más macarra, liarme a hostias, romper los taburetes de un bar (sobre todo de uno), montar un titi y que sea lo que dios quiera. En fin, aplacaré hoy mi instinto asesino (figurado) yendo a los toros. Ya se sabe: prohíbe, que algo queda.
Y sí, hoy voy de negro. Literal y literal. De ropa y de alma. Voy de negro, por la decepción y la tristeza. Voy de negro, de negro me verás.

viernes, 18 de junio de 2010

Cosillas –pocas– de "Lo que el viento se llevó"


La vida se compone, en buena medida, de pequeños rituales, costumbres, hábitos, que la hacen a una muy feliz –y no nos engañemos, si lo dejáramos todo en manos de la espontaneidad o de la improvisación, no aguantaríamos la arritmia–. Las rutinas –sobre todo si son elegidas– son más que necesarias. Yo tengo alguna que otra, casi todas confesables. Por ejemplo, una tarde de verano y de chicharra –las hubo aquí en Madrid, antes de que este semitemporal nos recordase que el tiempo, como el ánimo, pasa de la luz al gris en lo que dura un ¡ay!–, con el sol pegando en el tejado de mi casa, la terraza intransitable, las plantas agónicas y el asfalto a punto de fundirse, me tiro cuatro horas de sofá, con las persianas bajadas, a oscuras, a ver "Lo que el viento se llevó". Y esto más que un ritual, ya es puro vicio. Por lo que se goza. Y se sufre. Pero sobre todo se goza. Y es que ya no se hacen películas como entonces.
Pienso en otras, y las hay que me encantan; pero creo que ésta es mi favorita. Y si me propusiera hacer un post sobre todo lo que me gusta de "Lo que el viento se llevó" –de la música a los vestidos– sería un post interminable. Digo más, necesito sólo un blog para hablar de esta película. Pero hoy me limitaré a dar cuatro o cinco pinceladas, quizá seis si me suelto.
Ay, madre, en la que me he metido... ¿Y ahora qué digo? ¿Por dónde empiezo? Por el principio, o por el final, no sé. Ambos son Escarlata. La omnipresente Escarlata, reina absoluta de las cuatro horas de película, porque en ningún momento hay acción paralela. Es decir, hay guerra (y conocemos sus desastres a través de lo que Escarlata hace en el hospital), su amado Ashley está en la guerra (pero no lo vemos, lo sabemos a través de ella)... Todo, todo lo que pasa, pasa por Escarlata. Lo bueno y lo malo.
Escarlata es una mujer arrolladora. Niña bien de una acomodada familia sureña, Escarlata no se resigna a ser lo que se supone que debe ser (la esposa perfecta), quiere ser y hacer lo que le da la gana. Y eso tiene un precio. Para empezar, se enamora del pardillo de Ashley (y yo la entiendo, pero a él lo abofetearía repetidamente), un ser totalmente constreñido en las formas impuestas. "Claro que te quiero, Escarlata, y por ti he estado a punto de olvidar a la mejor esposa que un hombre pueda soñar", y cito de memoria. Pero eso es lo que le dice. Es decir, ella le encanta, pero con lo bien que está uno con una mujer como Melita, que no haga ruido, para qué complicarse con la caprichosa e indomable señorita O'Hara. Y me duele hasta la extenuación cuando él vuelve de la guerra y se pone a hacer el ñoño mientras ella se traga el orgullo y va a buscar el dinero para salvar Tara. Rozando los límites del decoro –cayendo casi en la prostitución–, Escarlata saca sus malas artes para obtenerlo de Rhett. Fracasada, es capaz de casarse con el viejuno novio de su hermana para sacarle la pasta. Así es. Y así salva Tara. Y con ella el nombre de su familia y a su familia misma. Y a la de Ashley, de la que lleva haciéndose cargo desde que él se fue. Conclusión: este tío es un pasmao. Y un verdadero inútil. Y un cobarde. Y ella, aun así, lo adora. ¿Por qué? Porque Escarlata es caprichosa. Sí, y también valiente, y generosa –a pesar de aparentar ser lo contrario– y aguerrida, y luchadora. O sea, que tiene un par. Y sobrevive. Y pasa de tontear con toda la mocedad del sur –coquetea con todos, no le gusta ninguno, salvo Ashley, claro– a cuidar amputados de guerra y a huir con un carro con la esposa de su amado. Es capaz de todo. "Pobre del que se enamore de ti, Escarlata", le dice Rhett, a sabiendas, claro, de que él ya estaba enamorado hasta el tuétano de ella, y que eso, probablemente, lo haría desgraciado.
¿Hablo de cuando ella le dice "no es usted un caballero". "Ni usted una dama", dice él? Pues sí, ninguno de los dos se ajustan a la idea de caballero y dama de la época. En eso son iguales y precisamente, cuando intentan serlo, y él quiere complacer a la sociedad más conservadora, empieza su decadencia como pareja.
¿Hablamos de las desgracias? ¿De las muertes? ¿Del hambre? ¿Recordáis que la segunda vez que Escarlata dice "ya lo pensaré mañana" acaba de matar a un hombre? ¿Recordáis la primera? Lo dice frivolizando, cuando les dice a unos y otros que si bailará con ellos o les concederá el honor de traerle el postre...
¿Y qué importancia le da Escarlata al matrimonio? Ninguna. ¡Qué escándalo! ¡Una señorita del Sur, y de buena familia, y en el siglo XIX que no da importancia al matrimonio! Pues no, ninguna. Se casa tres veces: una por despecho –así, con toda la frialdad del mundo–, otra por dinero –contante y sonante, juró no volver a pasar hambre–, la tercera, con Rhett, ¿por diversión? No sé. Esto ya lo pensaré mañana.
De cualquier forma, si una niñita bien, tan mona, educada para ser esposa ejemplar y estar siempre correctísima en sus formas, es capaz de hacer todo lo que hace, es que dentro de Escarlata hay algo muy poderoso: el valor. Ése es su mayor tesoro.
Otra cosa. ¿Habéis reparado en el valor simbólico de las escaleras en esta película? Cuando Rhett Butler conoce a Escarlata, ella está arriba; él, un truhán, pendenciero, jugador..., abajo. Cuando Escarlata sufre un aborto, ambos están en lo alto de una ostentosa escalera roja. Ella dispara a un hombre desde una escalera medio hundida de Tara. ¿Y dónde termina Escarlata? Llorando, en la escalera.
¿Hablamos del orgullo, del honor, de la cobardía, del matrimonio, del amor, de la familia... en esta película? ¿Hablamos de si Rhett Butler y Escarlata alguna vez se quisieron de verdad? ¿De la relación de Melita y Escarlata? ¿Es Melita una pasmada o en el fondo es demasiado lista?
Son demasiadas cosas. Por hoy ya basta. Mañana será otro día.

lunes, 30 de noviembre de 2009

Femme fatale. Parte I

En el último post, hablaba de Maggie como la "femme fatale" de "Doctor en Alaska". Y el bueno de Joel no puede dejar de sentir fascinación por ella. ¿Qué tienen? Son peligrosas, "malas", difíciles e indomables, pero despiertan, cuando menos, curiosidad en los hombres. El ejemplo más claro: Escarlata y Melita. Sí, Melita se casa con el pánfilo de Ashley, pero Escarlata es la constante tentación, la mujer valiente, arrolladora, con esos enormes ojos verdes, a veces tan manipuladora, calculadora y fría, tan egoísta... Pero Ashley la adora y Rett, el canalla, cae rendido a sus pies. Melita es sólo buena. Nada más. ¿Es acaso Escarlata mala persona? No, no lo es. Sólo que su comportamiento es poco convencional y hace su voluntad aunque eso suponga arrasar con todo lo que se ponga entre su objetivo y ella. Melita se deja hacer. Escarlata hace y deshace. Arma y desarma. Lucha, gana y pierde. Pero lucha.
Bueno, es temprano, seguiremos hablando de estas cosas y otras en otro momento. Os dejo con una de las "mujeres fatales" que más admiro.¿A que es adorable? Y puede sacar de quicio a cualquiera.



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